Diego Ventura toreó magnificamente a caballo y falló con el rejón de muerte. / Leandro Valdez
El segundo festejo de la feria taurina cuellarana arrojó un déficit en cuanto a resultados se refiere, pero a quién informa le motivo muy seriamente el excelente toreo a caballo que presenciamos y que interpretaron verdaderos artistas del noble arte. Dicho lo cual pasamos a contarles
Sergio Vegas Centrado, seguro y dominador de los equinos y de las suertes. Toreó muy templado y exhibió una monta firme y concreta. Hizo cosas meritorias y alardes ecuestres que gustaron al respetable. Clavó rehiletes a una mano, magnífico el primero al quiebro y fáciles los otros, ejecutando la suerte con lucimiento y solvencia. Un rejón e incomprensible frialdad del público.
Excelente primer tercio con soltura y eficacia al mismo tiempo que vistosidad. Galopadas de costado, precisas y medidas, gran rehilete tras el cual resulta alcanzada la cabalgadura. Alardes ecuestres de primer orden, buenas ejecuciones en las suertes de frente a pitón contrario y al estribo. Buena faena que tuvo mal colofón con el acero.
DIEGO VENTURA No estuvo entonado lo suficiente en la tarde cuellarana y lo mostró ante los micrófonos de Radio Cuéllar coincidiendo con sus compañeros de terna, al afirmar que los toros habían dado mal juego motivado por haber sido corridos en el encierro matinal. Pues quién informa no se atreve a tal aseveración, pues tengo constancia de toreros a quines realmente no les importa tal cuestión. El caso es que Ventura Se lució de forma notable toreando con mucho arte, toreando a caballo como un artista que es y clavando fácil rehiletes a una mano, de los cortos y matando mal.
Sobre su segundo toro que mostraba cierta displicencia ignorando al jinete, aplicó buenos conceptos técnicos y un enorme dominio de la situación, llevando a cabo una labor al mismo tiempo brillante y meritoria. Alardes que provocan clamor popular, vistosidad, exhibición y dotes de maestro. Pero en porcentaje insuficiente como para alcanzar el éxito total. Se manifestó contrariado al fallar en un par de ocasiones con el rehilete a una mano y al final se supo valorar el bagaje obtenido y le fue concedida y meritoria oreja.
LEONARDO HERNANDEZ Es artista del toreo a caballo por genes y por valor intrínseco, genuino y personal. Tiene dotes de gran caballista, de gran torero a caballo y de gran ejecutor de las suertes. Transmite elegancia y plasticidad. Lo hace fácil, sin aspavientos, sin forzar la situación, simplemente con soltura, técnica y elegancia.
Al primer toro suyo de juego regular, le toreó con sobriedad y firmeza, clavando rehiletes y saliendo del embroque de forma señorial entre clamores. A dos pistas llevando al toro toreado, jugando ante la cara del morlaco, realizando movimientos y aires de alta escuela que domina a la perfección y transmitiendo puro sentimiento emanado de la inspiración. Cortó una oreja.
Y podría haber abierto la puerta grande, pero la faena careció de continuidad y esparcimiento. Hubo momentos de emoción y de placer viendo actuar a este joven portento extremeño, sin duda uno de los tres rejoneadores figuras del rejoneo. Una fase de su toreo a caballo levantó al público de sus asientos, después un lapsus y finalmente bajó el tono y la cuestión quedó en simples palmas.