El presidente del Consejo Regional de Cámaras de Comercio e Industria, Vicente Villagrá. / Rubén Cacho (Ical)
Vicente Villagrá, nuevo presidente del Consejo Regional de Cámaras de Comercio e Industria, afronta con «ilusión» su nueva etapa en la vida, en la que la reforma laboral y la reordenación del sistema financiero son los próximos cambios más importantes.
¿No son dos años de mandato poco tiempo para contribuir a mejorar a nivel empresarial?
Los empresarios estamos acostumbrados a asumir tiempos a corto, medio y largo plazo y está claro que se trata de un gremio que requiere mucha actividad y es un periodo suficiente para conseguir cosas. La clave está en dar continuidad, con un equipo ejecutivo renovado, a una coordinación que ya existía, cada uno aportando su sello personal pero con un trabajo conjunto. Otro aspecto importante es que la vicepresidencia primera está en León, la segunda en Valladolid y la tercera en Salamanca, además de contar con que Burgos ostenta la vicepresidencia del Consejo Superior de Cámaras, trasmitiendo nuestras inquietudes en Madrid, lo que siempre es importante para la Comunidad.
¿Hay optimismo por lograr un repunte superando un ciclo de crecimiento económico negativo?
Más que pesimismo u optimismo lo que hay es preocupación. Es lógico porque 90 de cada 100 empresas están muy mal financiadas, con mayores exigencias de garantías o sufriendo tipos de intereses altos, además de cobrar mal de los proveedores y contar con que la mayor morosidad procede de servicios prestados a las administraciones públicas. Esto hace sufrir mucho al empresariado y se acrecienta aún más con la alta tasa de ahorro que propicia que se gaste menos y que se tenga que fabricar menos productos. Se reducen los ingresos y no siempre se pueden rebajar los costes de producción al mismo nivel, bajando así los márgenes de beneficio.
¿Qué instrumentos se pueden ofrecer a sus asociados para mejorar sus prestaciones?
Cada cámara tiene un prestigio permanente avalado por sus más de 100 años de experiencia y el hecho de que se llega a todas las empresas, con una gran capilaridad y una costumbre enraizada de prestar servicios. A pesar de haber menor capacidad de financiación y caer los beneficios empresariales, lo que conlleva una menor recaudación, habrá que seguir dando lo mismo con menos dinero aprovechando distintas sinergias. Ahora se necesita adaptarse a los mercados exteriores y una de nuestras grandes especialidades es la internacionalización. En formación hay que buscar emprendedores entre los colectivos que la reciben adaptándose a nuevas situaciones y técnicas. Antes nacer y morir en la misma empresa era muy bonito, pero ahora posiblemente no va a ser así. Puede que sea necesario salir mucho más al extranjero, llevando a cabo una aventura común con gente del país de acogida. Hay que estar dispuesto a todo.
¿Qué requiere la reforma laborar para que sea eficiente?
No está hecha todavía y se ha enviado un proyecto de reforma que llevábamos tres años pidiendo y ha tenido que venir Obama a decir que se haga. Hay que completarla porque es muy imperfecta. Ha sido una táctica del Gobierno mandarla en una primera fase pero falta el tema del ‘desenganche’ de los convenios colectivos, porque si una empresa está pasando las de ‘Caín’ o tiene unas peculiaridades determinadas no debe hacer malabares si no objetivarse y que no se judicialice el proceso. Lo mismo pasa con los despidos por el motivo económico, que también hay que objetivar.
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