Un mexicano lideró el asalto a la embajada de Corea del Norte

Los diez asaltantes robaron ordenadores tras golpear a los trabajadores y luego huyeron por Portugal • El cabecilla informó de la operación al FBI en Nueva York una semana después

21
Entrada al edificio que alberga la embajada de Corea del Norte en el barrio de Aravaca, en Madrid
Entrada al edificio que alberga la embajada de Corea del Norte en el barrio de Aravaca, en Madrid / europa press Embajada de República del Norte en Madrid (Foto de ARCHIVO) 27/02/2019
Publicidad

El titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, José de la Mata, levantó el secreto de actuaciones sobre el asalto que sufrió la Embajada de Corea del Norte en Madrid el pasado 22 de febrero, un suceso que atribuye a una organización criminal formada por diez personas cuyo líder, un mexicano residente en EEUU, contactó después con el FBI para informar sobre los hechos.

En concreto, el magistrado apunta a la comisión de delitos de allanamiento de morada, detenciones ilegales, lesiones, falsificación documental, amenazas y robo cometidos por una organización criminal cuyo cabecilla responde al nombre de Adrián Hong Chang, y en la que figuran además el ciudadano estadounidense Sam Ryu y el de Corea del Sur Woo Ran Lee, los únicos tres identificados. No hay detenidos.

Según expone, Hong Chang se presentó en la Embajada en la tarde del 22 de febrero pidiendo entrevistarse con el encargado Negocios, mientras fuera le esperaba un compañero y en una rotonda próxima, un Seat Alhambra con otras cinco personas dentro. Le abrió la puerta un trabajador, que le condujo al interior, pero él aprovechó un descuido y dejó pasar a los otros seis.

armamento

Esa misma mañana, el cabecilla había comprado cinco fundas de pistola de extracción rápida, cuatro cuchillos de combate, seis pistolas simuladas tipo HK (PVC), una sobaquera, cuatro gafas de tiro, cinco linternas tácticas, cinco balaclavas elásticas y cinco grilletes de tipos diferentes.

Otros cuatro miembros del grupo venían ya haciendo acopio de material en una ferretería, donde adquirieron una cizalla, once desencofradores, cinta americana y cinta de doble cara, alicates, cortavarillas, gafas de protección y una escalera de casi cuatro metros.

Cuando entraron, en el edificio había siete personas, incluidas la esposa del encargado de Negocios y el hijo de ambos. Fueron los dos únicos a los que no golpearon y les tuvieron bajo custodia en un dormitorio, mientras al marido, que opuso resistencia, le provocaron diversas lesiones, igual que pegaron a otros tres con los que les agruparon en una sala de reuniones.

La séptima persona era la esposa de uno de los trabajadores retenidos. Se encerró en una habitación y cuando vio que los asaltantes iban a entrar, trató de huir por una ventana. Cayó al suelo desde un primer piso y se produjo graves lesiones, pero consiguió escapar del recinto por la pista de pádel de la embajada y recibió ayuda de un ciudadano que llamó al SAMUR y a la Policía, que se personó en el lugar.

Al llegar los agentes alertados por el ciudadano, les abrió la puerta el propio Hong Chang, que se hizo pasar por un alto cargo de la Embajada y les dijo que no pasaba nada allí dentro. Sin embargo, sus compañeros estaban trasladando al encargado de Negocios a un sótano del edificio, donde se identificaron como “miembros de un movimiento de derechos humanos para la liberación de Corea del Norte” y le instaron a desertar.

registro

El juez explica que durante las “varias horas” que duró el asalto, “procedieron a registrar sistemáticamente distintas dependencias de la Embajada, apoderándose de un par de pendrives, dos ordenadores, dos discos duros (uno con imágenes de seguridad)) y un teléfono móvil. Se hicieron también con tres coches, con los que la mayoría de los asaltantes abandonaron el edificio pasadas las 21:40 horas de aquel 22 de febrero.

El líder se quedó dentro hasta que todos se hubieran marchado y pidió un VTC que le recogiera en la parte de atrás de la embajada. Salió con otro asaltante cruzando un descampado y abandonó primero la zona y acto seguido el país: Se fue a Lisboa y allí cogió un vuelo a New Jersey (EEUU). El resto del equipo hizo lo mismo, cruzaron en cuatro grupos a Portugal y al menos, los otros dos identificados se reunieron con el cabecilla en Nueva York.

El día 27 de febrero, el cabecilla se puso en contacto con el FBI desde Nueva York para informar. Dijo, tal y como recoge el juez, que contó su entrada al edificio y su huida posterior “dando superficiales detalles”, como que buscaban dentro “armas y otras cosas”.

También les comunicó que, “al parecer, previo al asalto, Hong Chang habría contactado con alguien no identificado de la embajada que sería susceptible de ‘desertar’”, tal y como resume el juez en su auto.