Kate Miller-Heidke de Australia (c), en la primera semifinal de Eurovisión.
Kate Miller-Heidke de Australia (c), en la primera semifinal de Eurovisión. / EFE
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Ni fortines ni metralletas por doquier. Tel Aviv acoge por primera vez el Festival de Eurovisión, el mayor programa mundial de la televisión, y lo hace desde la serenidad, a sabiendas de lo que se juega en la proyección de su imagen exterior, si las amenazas y peticiones de boicot al evento no lo impiden.

“Una de las grandes contradicciones con las que lidiamos es la diferencia entre la percepción y la realidad en torno al tema de la seguridad en la ciudad, que es una de las más tranquilas del mundo; esta es una oportunidad incomparable de mostrarlo”, reconoce el máximo responsable de Turismo Internacional de su Ayuntamiento, Eytan Schwartz.

Fue uno de los puntos que la Unión Europea de Radiodifusión destacó cuando escogió Tel Aviv como sede de la sexagésima edición de su gran festival en detrimento de Jerusalén, cuya capitalidad reclama Israel sin el reconocimiento internacional.

Ya entonces fueron muchas las voces e incluso países que amenazaron con declinar su participación en Eurovisión si aquella era la ciudad escogida, peticiones de boicot que, aunque de una manera más o menos ruidosa, no han cesado con la elección de Tel Aviv y que han incluido la de Roger Waters, siempre beligerante a este respecto por la ocupación de territorios palestinos.

En plena celebración del festival, varios centenares de israelíes protestaron el martes contra Eurovisión y la ocupación de esos territorios, el mismo día que un grupo de músicos gazatíes celebraron un simbólico festival alternativo sobre las ruinas de un edificio bombardeado en la reciente escalada de violencia que volvió a poner en entredicho la imagen de Israel.

Ciudad joven

Estas protestas, que se mantendrán a lo largo de la semana, incluirán un acto poco antes de la gran final del sábado delante del recinto, Expo Tel Aviv, y en las últimas horas se extendieron a un ataque cibernético contra la web de la cadena pública KAN que interrumpió la emisión de la primera semifinal y difundió el mensaje: “Israel no es seguro”.

La ciudad, sin embargo, no es el fortín que se podía esperar. Aunque la Policía ha destinado “cientos de agentes, patrullas especiales y guardias de seguridad privada” a vigilar las zonas estratégicas del festival, incluida la playa, no se aprecian mayores medidas que, por ejemplo, en la edición de Lisboa de 2018. Nada que ver, en el extremo opuesto, con Bakú 2012.

“Esta es una ciudad joven y lo que pretendemos es llevarla al próximo nivel, posicionándola durante los próximos diez años como un lugar que pueda acoger este tipo de grandes eventos”, subraya Schwartz, cuyo departamento calculó que unos 10.000 turistas la visitarán estos días, la mayor cantidad y el doble de los que acuden anualmente por su Orgullo Gay. Conscientes de que buena parte son periodistas que van a difundir las bondades de Tel Aviv por el mundo, se ha preparado una red de actividades y experiencias gratuitas.