Socialistas y ‘populares’ rubrican el fin del régimen nacionalista en Euskadi

PP y PSE estampan su firma en el acuerdo que permitirá a Patxi López proclamarse ‘lehendakari’ y dan inicio a «un cambio democrático»

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agencias / vitoria-bilbao

Los tiempos políticos siguen sus propios relojes, siempre distintos de los de los ciudadanos de a pie y puntuales tan solo a la hora de lograr la máxima difusión. En atención a ese ritmo tan especial que tiende a eternizar los acontecimientos, PP y PSE volvieron a escenificar ayer, por enésima y quizá definitiva vez, el acuerdo que pondrá fin a la hegemonía nacionalista en el País Vasco.

Con una inevitable sensación de déjà vu, populares y socialistas se sentaron finalmente a una mesa para estampar sus firmas en el compromiso «sin precedentes» que llevará a Patxi López a Ajuria Enea la última semana de abril o la primera de mayo, y que otorgará a los conservadores la Presidencia del Parlamento vasco y, tras el verano, también la Diputación alavesa.

El documento, que pretende simbolizar «el cambio democrático en el País Vasco», dotará de estabilidad al futuro Gobierno regional con el objetivo común de «construir el país de todos y acabar con el terrorismo y la política de frentes».

Tras la firma, el PSE expresó su confianza en que el pacto permita construir un Ejecutivo «fuerte» que ya funcione a principios de mayo, mientras que el PP definió como «histórico» el entendimiento con la formación de Ferraz.

Los miembros de ambas comisiones negociadoras, Rodolfo Ares y Jesús Egiguren por parte del PSE, e Iñaki Oyarzábal y Leopoldo Barreda en el bando popular, fueron los encargados de dar carta de naturaleza a las Bases para un cambio democrático al servicio de la ciudadanía vasca, dadas a conocer este lunes y que garantizan el apoyo de los populares a la investidura de López.

Ares explicó que el futuro Gobierno del PSE «tiene una vocación de diálogo preferente con el PP», pero matizaron que ambas formaciones aceptan que el pacto quede «abierto» a otros partidos.

Por su parte, Oyarzábal subrayó que «el histórico» acuerdo pretende «cambiar las cosas, poner en marcha políticas de cambio para unir a esta sociedad, y terminar, de una vez, con los frentes y las políticas sectarias que han tratado de dividirnos en ciudadanos de primera y de segunda».

Ya más alejado de los fastos protocolarios y, por tanto, menos obligado por las circunstancias, el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, dio algunas pistas sobre el futuro inminente de la región norteña.

De hecho, explicó que, «en un tiempo adecuado, y eso quiere decir un año o dos, habrá cambios importantes en el logro de la paz y el final del terrorismo».

Tras palabras tan ilusionantes, el jefe del PSE no pudo o no quiso aclarar si ese escenario implica que, más pronto que tarde, se reabrirá un nuevo proceso de negociación política con ETA. Desde luego, a eso sonaron sus palabras.

«Tras la ruptura del último proceso de paz, nadie entendería» que desde las instituciones, o desde el Partido Socialista, «se dieran unos pasos si ellos no los dieran», añadió a modo de explicación.

Respecto a la entente con el partido de Rajoy, Eguiguren matizó que no se trata de «ningún pacto de gobierno, ni pacto de legislatura» y que los discípulos de Zapatero en el País Vasco desarrollarán su mandato «lo más lejos posible del frentismo».

La nota ácida de la jornada la puso una vez más el PNV, que, por boca de su presidente en Vizcaya, Andoni Ortuzar, criticó que Patxi López va a «entregar las llaves del autogobierno vasco al Partido Popular», que es, precisamente, al menos según aseguró el nacionalista, «la formación que con mayor claridad se ha opuesto al desarrollo político de Euskadi».

«De facto, Basagoiti será el auténtico lehendakari», proclamó el jeltzale antes de augurar corta vida al futuro Gabinete.