El coreógrafo de la obra asegura que su intención es incidir en los sentimientos de los personajes y su interactuación.
El coreógrafo de la obra asegura que su intención es incidir en los sentimientos de los personajes y su interactuación. / e.p.
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El Royal Ballet regresa, veinte años después al Teatro Real de Madrid, hasta el domingo, para ofrecer una versión “revitalizada y llena de frescura” de ‘El lago de los cisnes’ de Tchaikovsky. Además, sus responsables destacan que han recuperado los tutús en el vestuario frente a las faldas largas utilizadas en otros montajes.

“Ha sido una gran apuesta hacer este lago de los cisnes después de 31 años que llevábamos sin hacer una producción de este tipo y la idea era revitalizar la versión tradicional para darle frescura y que sirva también para atraer nuevos públicos”, señaló el director general del Royal Ballet, Kevin O’Hare, durante la presentación a los medios.

Las funciones contarán con la participación de la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por Koen Kessels, mientras que los papeles de Odette/Odile y el príncipe Siegfried estarán interpretados por Marianela Núñez y Vadim Muntagirov (22 de julio), Yasmine Naghdi y Matthew Ball (hoy), Sarah Lamb y Ryoichi Hirano (mañana), Akane Takada y William Bracewell (el viernes) y Yasmine Naghdi y Federico Bonellu (el viernes).

Fidelidad y variación

En este sentido, el coreógrafo de la obra, Liam Scarlett, aseguró que ha revisitado la obra para incidir en los sentimientos de los personajes y en cómo interactúan entre ellos. “Hay que seguir de principio a fin a los personajes y la historia y a partir de ahí hacer el ballet para no dejar preguntas sin responder que el público entienda por qué el príncipe está triste o por qué el mago es malo”, señaló.

Asimismo, el coreógrafo subrayó la importancia en las relaciones de los personajes entre si, así como “los gestos” que realizan que sirven para “ir construyendo la obra” con la intención de que prevalezca la moraleja con la que estas obras eran creadas. “Queremos que la gente que no entiende de ballet se sienta igual de sobrecogidos que los expertos”, apostilló.

Para ello, el coreógrafo relató que ha buscado “mantenerse fiel” al segundo acto, el primero escrito por Tchaikovsky, mientras que, para el primer y cuarto acto ha añadido fragmentos nuevos, con la intención de que “se fusionen” de forma perfecta.

Por su parte, Muntagirov incidió en que, en esta versión, el personaje del príncipe muestra “una tristeza interior” que supone una “variación coreográfica” a través de los gestos y de la coreografía.

Por su parte, Núñez admitió la “gran dificultad” de interpretar dos papeles “tan diferentes” como los de el cisne blanco y el cisne negro pero aseguró que lo asume como “un reto”. “No importa cuantas veces se represente siempre encuentras formas nuevas de verlo”, dijo.

Por último, en cuanto al vestuario, tanto el coreógrafo como el director del Royal Ballet destacaron la intención de “recuperar” los tutús frente a las faldas más largas empleadas en otras versiones de ‘El lago de los cisnes’. “Está producción es todo lo que queríamos y más y se dice que va a ser la obra de una generación”, concluyó finalmente O’Hare.

FuenteEUROPA PRESS
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