La tradición manda regalar una rosa a las mujeres y un libro a los hombres.
La tradición manda regalar una rosa a las mujeres y un libro a los hombres. / EFE
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Floristas y libreros llenaron las calles de Barcelona en un Sant Jordi que lució un cielo gris desde primera hora de la mañana, con una llovizna que obligó a los tenderos a armarse con plásticos para protegerse —el cielo dio tregua a medida que avanzó el día—, y en el que centenares de personas recorrieron las calles del centro con cámaras y paraguas en mano.

En la Rambla, Sant Jordi empezó un par de días antes con las fiestas de Semana Santa, cuando hubo más turistas que ayer: “Cada año es diferente”, relativizó Carolina, cuarta generación de floristas en un puesto en la célebre avenida.

Mientras preparaba un ramo con una flor roja y una amarilla para un cliente habitual, explicó que cada año se añaden innovaciones, como las flores amarillas por los presos soberanistas del año pasado, pero la rosa roja es la que más protagonismo tiene: ‘Es la de Sant Jordi, la de la pasión y la historia del dragón’, destacó.

A la espera de que la meteorología aguantase con poca lluvia hasta el momento “más fuerte” de ventas, al mediodía, en el puesto en el paseo de Gràcia de la librería Joc de Paraules de Caldes de Montbui (Barcelona), protegieron con plásticos los libros a primera hora, mientras montaban el toldo. “Ya llevamos dos o tres días vendiendo libros”, gracias a que coincidió con los días de fiesta, explicaron.

Algunas rosas tienen también un mensaje de solidaridad, como son las que venden en el paseo de Gràcia entidades como la Creu Roja, la Fundació Pasqual Maragall y la PAH, y en esta última detallaron que empezaron a vender a personas muy madrugadoras que buscan este compromiso añadido a la tradición.

No faltaron propuestas artesanales temáticas, como las de una parada que ha unido rosas de tela y plastilina y bolas de cristal, explicó Gao, la paradista: “Antes vendía otras rosas de cerámica. Son propuestas diferentes, está todo tan lleno de cosas por todos lados que la gente busca algo único”, y a menudo lo combina comprando también la flor natural.

El cielo gris no fue impedimento para que decenas de lectores se agolparan en colas ante los puestos de firmas de libros: “Nos hemos levantado a las seis y media de la mañana y desde las ocho estamos aquí”, relató Laura, primera en la fila, junto a sus amigas, a la espera de pedir una firma al escritor Javier del Castillo.

En campaña

“No importa si llueve, llevamos paraguas”, afirmó con optimismo, en una cola en la que también espera otra lectora, Mar, que es el segundo Sant Jordi en el que busca una firma de Del Castillo y que relató que pediría la tradicional foto.

Daniela, una alumna del colegio San Ferran, compró una rosa a primera hora para regalarla a una maestra: “La profesora dijo, un poco en broma, ‘¡A ver quién me trae a mí una rosa!’, y pensé, pues se la regalo” porque se acaba el curso y es una profesora nueva que le ha gustado.

La política también tuvo su hueco en un Sant Jordi marcado por la agenda electoral y con la vista puesta en la cita con las urnas del domingo. Así, cargos de diferentes partidos se dejaron caer por las casetas como visitantes y para firmar ejemplares.