Rosario Porto en el juicio por el asesinato de su hija adpotiva, Asunta.
Rosario Porto en el juicio por el asesinato de su hija adpotiva, Asunta. / E.P.
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La dirección de la prisión de A Lama (Pontevedra) ha endurecido las medidas de control sobre Rosario Porto, quien cumple una condena de 18 años de cárcel por el asesinato de su hija adoptiva Asunta Basterra Porto, después de que la reclusa protagonizase un amago de suicidio el pasado día 12 de este mes.

Distintas fuentes penitenciarias confirmaron que el incidente tuvo lugar la pasada semana en el momento de la ducha. Fue entonces cuando Porto empezó a llamar a la interna que tiene asignada en el marco del protocolo de prevención de suicidios, que la halló con el cordón de la sudadera de un chándal al cuello.

Aunque el acto pudo afectar a su integridad física, las fuentes consultadas apuntan que la forma en la que se desarrollaron los hechos da a entender que la interna, que se encuentra “deprimida”, actuó como “una forma de llamar la atención”.

Porto fue trasladada a la enfermaría sin sufrir lesiones graves y la dirección de la cárcel ha elevado las medidas del protocolo de prevención de suicidios que nunca se le llegó a retirar, ya que no es la primera vez que protagoniza un incidente de este tipo.

Así, fuentes del centro penitenciario han ratificado que ahora está con más de una interna de confianza; y que su vigilancia por parte de los funcionarios también se ha reforzado, ya que se comprueba su estado cada dos horas.

Fuentes de Instituciones Penitenciarias, por su parte, se limitaron a ratificar que “se han reforzado las medidas” del protocolo de prevención de suicidios.

No es la primera vez que Porto protagoniza un incidente similar. En febrero de 2017 fue localizada desmayada en su entonces celda de la cárcel de Teixeiro (A Coruña), tras ingerir varias pastillas, coincidiendo con el día en que iba a ser trasladada de prisión, para cumplir condena en la de A Lama.

Fuentes penitenciarias confirmaron entonces que le había sido comunicado su traslado desde Teixeiro a la cárcel de A Lama, un procedimiento habitual en estos casos una vez que la condena es firme.

Ya en ese momento indicaron que no era la primera vez que Rosario Porto actúa de una forma similar cuando “recibe una noticia que no le gusta”, e hicieron notar que la ingesta de pastillas coincidió con la hora de recuento de presos, en torno a las 8.00 horas de la mañana, con lo que entendían que se trataba de una “llamada de atención” y no un intento real de quitarse la vida.

Atención psiquiátrica

El nuevo intento de Porto de atentar contra su integridad física se produce en el mismo mes en el que representantes sindicales de la prisión de A Lama informaron de que funcionarios del centro habían salvado la vida de dos internos que intentaron suicidarse.

Entre otras cuestiones, los sindicatos, inmersos en un huelga en la que reivindican la necesidad de mejorar la plantilla, apuntan a la “falta de servicios sanitarios” y, en concreto, a las carencias en el área psiquiátrica de esta prisión.

La mayor parte de las muertes que registran las cárceles ubicadas en Galicia, en la misma línea que en el conjunto de centros penitenciarios del Estado, no se producen por causa natural, sino que tienen detrás la incidencia de las drogas o el suicidio.

De hecho, el último informe de mortalidad en prisiones de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que analiza la situación en el año 2017, refleja que en las cárceles de A Lama; Bonxe y Monterroso, ambas ubicadas en la provincia de Lugo y Teixeiro, fallecieron 13 reclusos.

Por su parte, el director de la prisión de A Lama, José Ángel Vázquez, defendió la labor de prevención, educación e incluso de tratamiento terapéutico que se realiza en el centro penitenciario.