El Reina Sofía analiza el París de la postguerra y su influencia exterior

Más de cien artistas y 200 obras de diversas nacionalidades se darán cita en la exposición

18
El Museo Reina Sofía presenta “París pese a todo. Artistas extranjeros 1944-1968”
El Museo Reina Sofía presenta ‘París pese a todo. Artistas extranjeros 1944-1968’. / efe
Publicidad

El Museo Reina Sofía acoge, hasta el 22 de abril, la muestra ‘París pese a todo. Artistas extranjeros 1944-1968’, un conjunto de más de cien artistas y 200 obras de diversas nacionalidades y estilos que ahondan sobre la escena artística desarrollada en París tras la II Guerra Mundial, ciudad que se convirtió en la capital cultural europea “gracias a la fuerza de la inmigración”.

Así lo hizo saber el director del Museo, Manuel Borja-Villel ayer en rueda de prensa, a quien acompañó el comisario de la exposición, Serge Guilbaut.

“En un momento en el que la deportación es un estado normal y Europa no sabe que hacer con los inmigrantes, ver como París se convirtió en la capital cultural de Europa a través de la inmigración dota a la muestra de una dimensión actual además de historiográfica”, expresó.

De este modo, la iniciativa también recupera una destacada producción cultural a menudo olvidada conformando un cuestionamiento de la historia y de como “nueva York robó la idea del arte moderno” dejando de lado a numerosos artistas que decidieron ir a Francia desarrollar su carrera.

“París fue un lugar de libertad donde se generaron complicidades que no se daban en otros lugares. Sin embargo, tampoco estaba exento de tensiones”, matizó Borja-Villel. A lo largo de lo más de veinte años que componen la cronología abordada, París, que trataba de restablecer tras la devastación de la guerra la reputación que gozaba antaño, acogió a un amplísimo número de artistas de América, Europa, África y Asia.

Entre sus nombres figuran Pablo Picasso, Eduardo Arroyo, Pablo Palazuelo, kandinsky, Eduardo Chillida, Claire Falkenstein, Victor Vsarely, Matta o Mohammed Khadda, entre otros, que “atraídos por su legendario historia bohemia” encontraron en París un aparente ambiente libre de prejuicios y de “comportamientos académicos tradicionales”.

“La exposición tiene forma de relato, empieza con la muerte de Kavinsky, haciendo referencia al pasado, y con Picasso y a partir de ahí también se van viendo las tensiones de los grupos franceses y como se van construyendo una serie de posiciones que acaban cuestionando el consumismo con la llegada del pop art en los sesenta”, explicó el director.

Y es que a partir de los sesenta ya trabajan en París una serie de autores singularmente críticos con los excesos del capitalismo y la nueva sociedad de consumo y desilusionados por la falta de respuesta de las corrientes en boga: el expresionismo abstracto y el pop art. Su apuesta por una nueva figura contestataria preparó el camino para el clima de Mayo del 68, una actitud antagónica a la estadounidense.