Rajoy sostiene ante Cameron que los controles son una «obligación»

El ‘premier’ británico telefonea al jefe del Ejecutivo para cuestionarle sobre la actuación de la Policía en la verja de Gibraltar, una práctica que, según el Gabinete, sigue el Tratado Schengen

La tensión que en los últimos días se ha formado en torno a Gibraltar llegó ayer al más alto nivel con una llamada de teléfono procedente de Downing Street a la Mocloa. Al otro lado de los aparatos permanecían el primer ministro británico, James Cameron, y el jefe del Ejecutivo nacional, Mariano Rajoy. Durante los apenas 10 minutos que duró la charla, las intenciones fueron buenas, pero las conclusiones un tanto difusas.

Lo que sí quedó claro es que el dirigente patrio plantó cara al británico en lo que a los controles en la verja se refiere, pues trasladó a su homólogo que España tiene la «obligación» de realizar exámenes a las personas y las mercancías en la frontera del Peñón para «evitar tráficos ilícitos» y recalcó que considera «inaceptable» la instalación de bloques de cemento en la bahía de Algeciras, una maniobra habitual por parte de la colonia con la que intentan ir ganando espacio al mar.

Según informó Moncloa en un comunicado, la llamada telefónica se produjo a las 10,15 horas, apenas unos días después de que el Reino Unido convocara al embajador español en suelo británico, Federico Trillo, para protestar por los controles exhaustivos que está haciendo la Policía española en la frontera con Gibraltar.

Rajoy recalcó, asimismo, a Cameron, que las medidas adoptadas «se adecuan perfectamente en el Código de Fronteras Schengen» y se guían «exclusivamente por los principios de aleatoriedad, proporcionalidad y no discriminación» y acusó abiertamente a Londres de que la situación «generada por las autoridades de Gibraltar» ha producido en España «un profundo malestar y gran preocupación al perjudicar al medio ambiente y la actividad pesquera».

Pese a esto, el dirigente popular le transmitió la «voluntad» del Gobierno de «buscar una solución cuanto antes» a esta situación y acordaron que sus ministros de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo por parte española, y William Hague, por la británica, entablarán «inmediatamente» conversaciones para abordar «el diferendo».

En la conversación, el jefe del Ejecutivo español subrayó que, en cualquier caso, las relaciones bilaterales entre ambos países son las de «socios, amigos y aliados», lo que «implica que los conflictos que surjan entre ambos se tendrían que gestionar con honestidad y transparencia, en un diálogo bilateral enmarcado dentro del respeto a la legalidad internacional, europea y nacional».

También el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Gonzalo de Benito, se pronunció y fue contundente: «Los controles son un pequeño precio a pagar» para restablecer el diálogo.

Por su parte, el secretario general socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, enfatizó que su partido sigue ofreciendo «toda la colaboración» al Gobierno central en relación a la polémica suscitada en la Roca. Así, recalcó que su posición sobre este tema es «clara» y que piensa que las autoridades gibraltareñas «están cometiendo un error detrás de otro». Por ello, aseguró que el PSOE estará al lado del Gabinete del PP para defender los intereses de España y de sus pescadores en lo que denominó «tema de Estado».

Por la parte británica, el premier calificó de «constructiva» la conversación, pero recalcó que la posición del Reino Unido sobre la soberanía «no cambiará», al tiempo que manifestó a través de un comunicado que Rajoy se habría comprometido a «rebajar las medidas en la frontera» después de la conversación entre ambos.

FuenteAGENCIAS  LONDRES
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