José Hernández Mosquera y el comandante de la Unidad Central Operativa (UCO), Jesús Reina, tras la rueda de prensa.
José Hernández Mosquera y el comandante de la Unidad Central Operativa (UCO), Jesús Reina, emocionados, tras la rueda de prensa. / EFE
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El titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Almería, Rafael Soriano, decretó ayer prisión provisional para Ana Julia Quezada, la asesina confesa de Gabriel Cruz, tras ratificarse, durante su primera comparecencia ante el juez, en la declaración ofrecida ante la Guardia Civil, en la que señaló que hubo una discusión y un forcejeo previamente a que asfixiara al menor para acabar con su vida, ocultando su cadáver en la finca de Rodalquilar a la que trasladó al pequeño.El abogado de Quezada, Esteban Hernández, no descartó que se pida prisión permanente revisable contra su cliente.

No la creen

Por otro lado, los investigadores de la Guardia Civil que estuvieron al frente de la búsqueda del niño de ocho años Gabriel Cruz rechazaron, en base a las pruebas recabadas, el relato de los hechos por la asesina confesa.

“Los padres educaron en todo momento al niño en el amor y el respeto, en ningún momento Gabriel pudo hacer esos insultos”, defendió el comandante de la Unidad Central Operativa (UCO) Jesús Reina, al tiempo que apuntó a que se habría tratado de una “detención ilegal y asesinato”.

En una rueda de prensa, junto al teniente coronel de la Guardia Civil José Hernández Mosquera explicaron que Quezada asfixió al niño de ocho años en la finca familiar de Rodalquilar el mismo día de su desaparición, y luego ocultó el cuerpo en un “agujero” sobre el que arrojó tierra, piedras de jardinería y unos tablones.

De acuerdo al perfil elaborado por la Unidad de Análisis de la Conducta, Ana Julia Quezada es “una persona con frialdad máxima, con falta de preocupación sobre otras personas, posesiva, egocéntrica y que, en ciertas circunstancias que le son negativas, puede provocarle una ansiedad muy grande”. “Es bastante manipuladora”, apostillaron. “Estamos convencidos de que tenemos la carga de prueba para demostrar los hechos”, defendieron los investigadores, que acusaron a Ana Julia Quezada de “detención ilegal y asesinato”.

La mujer, de 43 años y origen dominicano fue detenida en Puebla de Vícar, donde vivía con el padre del niño, cuando transportaba en el maletero de su coche el cadáver, “sin saber a dónde iba” y qué haría para deshacerse del cuerpo sin vida del niño. Previamente había recuperado el cadáver de Gabriel de la zanja que improvisó en una finca, la de Rodalquilar, que no fue inspeccionada a fondo por la Guardia Civil porque en los doce días de búsqueda los familiares, incluida Ana Julia, habían estado en reiteradas ocasiones allí sin encontrar nadie nada sospechoso.

Le buscaban vivo

Además, la investigación, centrada en el entorno familiar, estuvo “condicionada” por el hecho de que tenían la esperanza de que el niño estuviera vivo y descartaban que, si era así, permaneciera oculto en este cortijo familiar.
El hecho de que Ana Julia dijera que había encontrado la camiseta de Gabriel alentó esta hipótesis aunque, en paralelo, reforzó la sospechosa de su implicación en la desaparición. Entonces ya conocían su pasado en Burgos, por ejemplo, donde falleció su hija en extrañas circunstancias.

Sin entrar en detalles para no causar más dolor a los padres y por respeto al secreto de las actuaciones (no han mencionado nada del hacha que se sitúa supuestamente en la escena del crimen), los investigadores señalaron que el cuerpo del menor permaneció semidesnudo, en todo momento enterrado junto a la vivienda en Rodalquilar, a unos cinco kilómetros de Hortichuelas de Níjar, el pueblo del que desapareció el 27 de febrero cuando el pequeño iba a casa de sus primos.

Los investigadores aseguran que tienen acreditado que Ana Julia Quezada actuó sola de acuerdo a su “patrón ilógico” y “con cierta ambición económica”.