Imagen de un momento del juicio contra Daniel M., el presunto asesino de la bebé Alicia, en la Audiencia de Álava.
Imagen de un momento del juicio contra Daniel M., el presunto asesino de la bebé Alicia, en la Audiencia de Álava. / E.P.
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La Audiencia Provincial de Álava ha condenado a prisión permanente revisable a Daniel M. por el asesinato de la bebé Alicia, a la que lanzó por la ventana de una vivienda de Vitoria-Gasteiz el 25 de enero de 2016. El tribunal considera que no quedó probado que este joven, cuya defensa reclamaba la eximente completa por enajenación mental, tenga “anulada” su capacidad de raciocinio ni sufriera “delirios” cuando mató a la niña.

Daniel M., un exprofesor de música sevillano, también fue condenado a siete años y medio de cárcel por el intento de homicidio de Gabriela, la madre de la bebé, que tenía 17 años en el momento de los hechos y a la que había conocido semanas antes del trágico suceso. Además, este joven, que tenía 30 años cuando mató a Alicia, deberá indemnizar con 130.000 euros a Gabriela y con otros 100.000 euros a la antigua pareja de este y padre de la bebé.

La sentencia de la Sección Penal de la Audiencia Provincial de Álava, que puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, se produce después de que el jurado popular formado para esta causa emitiera un veredicto de culpabilidad contra Daniel M.
Esta es la primera ocasión en la que un tribunal vasco dicta una condena de prisión permanente revisable, que en caso de confirmarse en sentencia firme obligaría a Daniel M. a permanecer entre 25 y 35 años en prisión antes de que se procediera a la revisión de la condena.

El tribunal concluye que “no ha quedado suficientemente acreditado” que el acusado, que reconoció haber lanzado a la niña por la ventana pero que atribuyó su acción a un supuesto delirio, padezca una esquizofrenia paranoide que no fue diagnosticada.

De esa forma, en la sentencia se rechaza el argumento en el que la defensa basaba su petición de que a Daniel M. se le aplicara la eximente completa de toda responsabilidad penal por enajenación mental, y que se le internara en un centro psiquiátrico penitenciario como medida de seguridad.

En el relato de los hechos recogidos en la sentencia se señala que Gabriela y su hija Alicia pernoctaban en el domicilio de Daniel M., en Vitoria, en la noche del 24 al 25 de enero de 2016. En un momento dado, el ahora condenado —que había conocido a Gabriela pocas semanas antes— entró en el dormitorio en el que se encontraban madre e hija y puso su mano en el pecho de la menor. En ese momento, la madre de la bebé se despertó y, al percatarse de lo que estaba haciendo, apartó la mano de Daniel del cuerpo de Alicia. Ante esta situación, continúa la sentencia, el joven empezó a propinar puñetazos a Gabriela, a la que también agarró del pelo y tiró al suelo.

Varias agresiones

En el transcurso de la agresión, el ahora condenado advirtió a Gabriela de que la iba “a matar” y, en un momento dado, la arrastró hacia el mirador de la vivienda, donde la levantó del suelo y la empujó contra el balcón.

A continuación, rompió de un puñetazo uno de los cristales del mirador y dijo a Gabriela que “la iba a tirar por la ventana”, tras lo que intentó defenestrarla sin llegar a conseguirlo. Finalmente, Daniel cogió un trozo de cristal procedente de la ventana que había roto y se lo clavó en el cuello a la joven.

El relato de los hechos añade que, en ese momento, la bebé Alicia se acercó al lugar en el que se encontraba su madre, y Daniel M., “aprovechando que la menor solo pesaba 11 kilos y medía 84 centímetros”, la cogió y “con intención de matarla, de manera sorpresiva y sin que ésta pudiera evitarlo, la lanzó por la ventana a través del hueco del cristal que previamente había roto”.

La niña falleció pocas horas después, como consecuencia del traumatismo craneoencefálico y la hemorragia cerebral sufrida por el impacto con el suelo tras su caída desde casi cinco metros de altura.

El acusado, que reconoció los hechos desde el primer momento, alegó que había lanzado a la joven a la calle porque había visto en ella la “semilla del mal” debido a los supuestos delirios que padecía.