La Reina Sofía, Sánchez, Casado y Colau durante el funeral de Caballé.
La Reina Sofía, Sánchez, Casado y Colau durante el funeral de Caballé. / efe
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El Museo del Prado recupera hasta el próximo 27 enero la práctica totalidad de la obra de Bartolomé Bermejo, “una especie de estrella” de la pintura del siglo XV, tal y como explicó el director del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), Pepe Serra.

Se trata de una muestra antológica organizada junto al MNAC y comisariada por Joan Molina. “Si la cultura sirve para tender puentes, los museos son magníficos ingenieros de caminos”, resaltó el director del Prado, Miguel Falomir. En esta misma línea, Serra, quien calificó al museo madrileño como “hermano mayor”, elogió que esta muestra sea “un ejemplo de como la cultura trabaja de forma transversal”.

La exposición, con el patrocinio de la Fundación Banco Sabadell, reúne casi una cincuentena de obras, de las cuales 27 proceden de las manos de Bermejo —solo falta una para contar con la obra completa—. Entre los títulos, los más emblemáticos de este autor —Bartolomé de Cárdenas, alias ‘el Bermejo’—, como son el ‘San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan de Tous’ o ‘Piedad Desplà’, procedente de la catedral de Barcelona.

Falomir resaltó que se trata de la primera exposición monográfica en el Prado dedicada a un pintor español del siglo XV y “se ha decidido empezar por todo lo alto”. El director de la pinacoteca ensalzó las cualidades pictóricas de Bermejo, además de señalar su “atractivo” contemporáneo.

Por un lado, Bermejo tenía un origen judío converso que marcó su pintura. “Este problema de identidad, tan contemporáneo, se realza si tenemos en cuenta que se pasó toda su vida pintando obras religiosas”, señaló Falomir. Por el otro, quizás por ese origen, se vio obligado a una vida “nómada” en distintas ciudades de la corona de Aragón donde encontró “numerosas cortapisas” a su trabajo.

“Trabajó con acaudalados judíos conversos en una época muy complicada —en 1492 se produce la expulsión de los judíos ordenada por los Reyes Católicos—. De hecho, varios trabajos venían de clientes que querían escapar a las sospechas de la Inquisición, y Bermejo también buscaba argumentos para avalar su situación de converso”, afirmó el comisario de la muestra.

Molina calificó al maestro gótico de “genio de la pintura capaz de elaborar un lenguaje pictórico que trasciende épocas”. “En su obra hay una combinación de un extraordinario dominio técnico así como de una increíble capacidad de innovación, pese a tratar en su mayor parte de pinturas religiosas”, apuntó.

Demonios o lujo

Calaveras o diablos, “representaciones alucinantes y bizarras”, pueblan algunos de los cuadros de Bermejo, quien también sentía fascinación por “el lujo y la sofisticación”, como queda claro en una obra en la que aparece el procónsul romano Daciano. Además, también mostraba aproximaciones a otras culturas, como la islámica.

El comisario destacó dos cuadros, por un lado el de ‘San Miguel’, en la que el arcángel aparece retratado como una figura que responde a los estereotipos de la caballería medieval. “Aquí se reproducen las texturas cromáticas con una verosimilitud asombrosa, además de la refinación de los brillos luminosos”, resaltó.

Por el otro, la ‘Piedad Desplà’, el “cénit” de Bermejo como pintor. El autor crea aquí un “escenario de especulación intelectual” sobre la salvación que conjuga numerosos detalles, desde una fauna y flora abundante hasta el amanecer sobre Jerusalén con el río Jordán de fondo, “destinado a fascinar el ojo del espectador”.