Pajín consigue al fin su cargo

La secretaria de Organización de la formación de Ferraz logra su asiento en la Cámara Alta con los 38 votos de sus colegas de partido y la abstención del resto de diputados levantinos.

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Con el mismo celo por ocultar sus trucos del que hacen gala los magos, el PP y el PSOE sacaron ayer un conejo de la chistera valenciana en forma de nombramiento de Leire Pajín como senadora de designación autonómica. Si ni siquiera queda demasiado clara la necesidad política de la existencia de la Cámara Alta, aún más difícil resulta explicar por qué el principal partido de la oposición consintió finalmente que la número tres de la formación de Génova acceda al goloso cargo después de seis meses de proclamar que resultaba moralmente inadmisible dar el visto bueno a Pajín.

Lo kafkiano de la situación queda bien reflejado por el resultado de la votación, pues la socialista tan solo contó con 38 votos a favor, los de sus colegas de partido, mientras que el resto de los diputados de la región mediterránea, 56, se pronunciaron en blanco.

Sin importarle la dudosa legitimidad de un resultado que ni siquiera alcanza la mayoría, la nueva senadora recibió su cargo con una sonrisa de triunfo y manifestó su «satisfacción» por el acceso a un puesto que, de facto, le garantiza que dentro de 40 años cobrará una sustanciosa pensión a cargo de las arcas públicas.

Haciendo gala de su talante poco conciliador, Pajín no pudo limitarse a agradecer la marcha atrás del PP, sino que cargó una vez más contra el partido de Rajoy al proclamar que su nombramiento es «un acto parlamentario de normalización democrática» y expresó su confianza en que el «retraso» registrado en su designación como legisladora «jamás» vuelva a ocurrir.

Como no podía ser de otro modo, no todos los conservadores están demasiado satisfechos con la rectificación, tal y como quedó demostrado con las clamorosas ausencias en la votación del cada día más desubicado presidente de la Generalitat y del PP regional, Francisco Camps, y del diputado popular Ricardo Costa, ya solo formalmente miembro de la formación opositora.

Lo cierto es que, al margen del tamaño del sapo que se han tragado los populares, la designación de la secretaria de Organización del PSOE como senadora territorial culmina un tortuoso proceso que comenzó el pasado mes de mayo cuando los socialistas propusieron a Pajín para dicho cargo, en lugar de Andrés Perelló, que dejó el escaño tras ser elegido eurodiputado.

Durante estos siete meses, los discípulos de Zapatero no se han cansado de denunciar el «bloqueo» del PP, actitud que atribuían a una represalia por la actitud de Ferraz en el caso Gürtel.

En primera instancia, el PP impidió la coronación de Pajín por defectos formales en la documentación presentada para acreditar la compatibilidad de la recién electa para ejercer el cargo en la Comisión del Estatuto del Diputado.

Una vez que las deficiencias del papeleo quedaron subsanadas, los conservadores exigieron que Pajín compareciera en las Corts valencianas para acreditar su valencianía y sus méritos para ser elegida senadora por una región en la que ni siquiera reside.

La petición de tal examen fue rotundamente despreciada por la socialista, un desplante que dio lugar a numerosos cruces de acusaciones.

Una vez que el PP consideró que la cuerda estaba suficientemente tensa, anunció que la designación se produciría en febrero, pero, sin embargo, el propio Camps comunicó de forma sorprendente la semana pasada que se había producido el desbloqueo de la situación y que, como así ha sucedido, el nombramiento se haría efectivo durante la sesión de ayer.

Además, para demostrar que la política no deja de ser un modo de vida para todos los que se dedican a ella, tras más de medio año echando pestes sobre la incapacidad de Pajín, no ya como senadora, sino a la hora de desempeñar cualquier responsabilidad, los populares la felicitaron por su nuevo puesto y le recordaron que, desde ahora, debe demostrar su amor y dedicación hacia Valencia.