Muere Franco Zeffirelli, el director del melodrama y la grandiosidad

El cineasta italiano deja un legado con películas como ‘Té con Mussolini’ o ‘Romeo y Julieta’

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El director italiano Franco Zeffirelli en una imagen de 2015. / efe
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Grandioso, excesivo, melodramático, polémico, así era el director de cine y escenógrafo Franco Zeffirelli, que murió ayer a los 96 años en Roma y que deja películas como ‘Té con Mussolini’, ‘Romeo y Julieta’ y puestas en escena en los mayores teatros de ópera del mundo.

A pesar de la edad y de estar postrado en una silla de ruedas desde hace algunos años, no dejó de trabajar y el 21 de junio se iba a materializar uno de sus sueños, cultivado en los últimos diez años, el de la puesta en escena para de una nueva ‘La Traviata’ que inaugurará la temporada del Festival lírico de la Arena de Verona.

Zeffirelli fue el ‘Miguel Ángel’ de las artes escénicas, triunfando tanto en el cine, como en sus montajes para el teatro y la opera e incluso como creador del vestuario.

Barrocos, excesivos, sorprendentes y muy solicitados en los teatros de todo el mundo.
Será enterrado en el cementerio de Porte Sante de Florencia, su ciudad natal, mientras que en Roma se abrirá una capilla ardiente para que se le pueda rendir homenaje.

Quizá Zeffirelli fue más amado fuera de su país e incluso la reina Isabel II le concedió el título de ‘sir’ (caballero), pero siempre se echó en falta el Óscar al que fue nominado dos veces, como director por ‘Romeo y Julieta’ y como escenógrafo para ‘La Traviata’, o uno a toda su carrera.

La noticia fue anunciada por Dario Nardella, alcalde de Florencia, ciudad natal de Zeffirelli, que lo calificó como “uno de los grandes hombres de la cultura mundial”.

Zeffirelli se inició en el mundo del cine de la mano de Luchino Visconti, como ayudante de dirección en tres de sus mejores películas ‘La terra trema’ (1947), ‘Bellissima’ (1951) y ‘Senso’ (1952).

Después como director se dedicó a cultivar su amor por la ópera y por las obras de Willian Shakespeare, dando un nuevo sentido al melodrama.

Dirigió ‘La boheme’ (escenificación de la ópera de Puccini, en 1965); ‘La fierecilla domada’ con Richard Burton y Elizabeth Taylor (1966); ‘Romeo y Julieta’ con Michael York y Laurence Olivier (1968); ‘Hermano Sol, hermana Luna’ (1971); ‘Campeón’ con Jon Voight, Faye Dunaway y Nicky Schrodeer (1978); ‘Amor sin fin’ con Brooke Shields (1981) y ‘Té con Mussolini’ (1999), en la que relata su infancia.

Mantuvo una gran amistad con la diseñadora Coco Chanel y con la soprano María Callas a quién la dedicó la película ‘Callas forever’ (2002), que cuenta los últimos años de la ‘Divina’ y que confesó fue la única mujer de la que estuvo enamorado.

Fue senador de la mano del partido de Silvio Berlusconi, Forza Italia, en 1994 y se confesaba conservador por “desesperación anticomunista”.

Declarado homosexual, pero muy crítico con el movimiento gay, relató en una biografía publicada cuando tenía 83 años su gran amor con Luchino Visconti.

Nació el 12 de febrero de 1923 en Florencia y a su padre solo le conoció después de la muerte de su madre, Adelaide Garosi, que apasionada de Mozart, quiso darle al niño el nombre del aria de Idomeneo (Zeffiretti), pero el funcionario del registro civil se equivocó y escribió Zeffirelli.

Su madre murió cuando era niño y se crió entre mujeres. La niñera, que era inglesa y se llamaba Mary, le enseñó inglés y le inculcó la pasión por Shakespeare, que inspiró gran parte de su producción. En 1959 dio el gran salto al Covent Garden de Londres, con las puestas en escena de ‘Pagliacció’ y ‘Lucia de Lammermoor’.

Como director teatral realizó muchas óperas en los principales teatros líricos de Austria, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos.