Montilla liderará el frente soberanista si Zapatero no salva el ‘Estatut’

El líder de CiU, Artur Mas, cree que la petición de calma por parte del inquilino de Moncloa después de tres años esperando el fallo del Constitucional es «de una audacia sin límites».

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Con el fervor que suele distinguir a los recién convertidos, el cordobés José Montilla ha hecho suyas buena parte de las provechosas tácticas del nacionalismo, desde el victimismo al desafío al Estado y está dispuesto a ponerlas todas en práctica aun antes de que el Constitucional dicte siquiera sentencia sobre el Estatut.

El presidente catalán, experto en ponerle una vela a la divinidad y otra a su reverso, para así no perder ninguna posibilidad de sacar partido, aceptó ayer los ruegos de calma efectuados la víspera por Zapatero y se hizo eco del sospechoso optimismo del inquilino de Moncloa con respecto a la condescendencia de los jueces a la hora de enjuiciar el texto autonómico, pero anunció que su paciencia no va a impedirle liderar un frente catalanista para hacer frente al Estado si la sentencia no es de su entero gusto y conveniencia.

«Esperar no significa que no se pueda desarrollar la norma», retó el socialista a sus compañeros de Madrid en lo que representa su enésima reclamación de más autonomía, más competencias y, en suma, más dinero para Cataluña en detrimento del resto de España.

Eso sí, una vez explicadas cuáles serán las consecuencias de un hipotético recorte judicial del Estatut, el líder regional se esforzó por hacer alarde de moderación y destacó que, «al igual que el presidente Zapatero espera un buen final del Estatuto para Cataluña, yo también, porque estoy convencido de la constitucionalidad de esta ley, que es una ley española».

Con un argumento no exento de demagogia, Montilla recordó que, sin la complicidad de las Cortes y sin los votos del PSOE y del propio inquilino de Moncloa «no habría salido adelante el nuevo Estatuto». En la misma línea, sin acordarse de que la división de poderes es uno de los pilares de cualquier Estado de Derecho, el cordobés destacó que se trata de una ley ya refrendada por los catalanes y que su papel como presidente de la Generalitat es defenderla.

«Yo alguna vez soy un problema para Zapatero, pero estoy convencido que lo es más Rajoy», bromeó el líder del PSC en una bastante seria advertencia de que, si el desenlace jurídico no satisface al PSC, la sucursal de Ferraz en la Comunidad mediterránea podría retomar sus frecuentes amenazas de escindirse del PSOE.

Mirada al pasado

«Es el PP quien recogía firmas por toda España contra el referéndum del Estatuto, quien orquestaba campañas contra Cataluña, quien ha recurrido ante el Constitucional», destacó el catalán antes de recordar que, si tales argumentos no valieran a la hora de la verdad, «si hace falta una reacción por una sentencia negativa, yo la lideraré».

Si el jefe del Ejecutivo autonómico realizó tales declaraciones en una emisora de radio, el líder de CiU, Artur Mas, acudía a un plató televisivo para hacer un alarde de victimismo y proclamar que «no hay correspondencia, ni altura de miras, con la generosidad que Cataluña históricamente ha tenido con el resto de España».

A juicio del nacionalista, como reacción a tal presunta falta de admiración por una actitud de tamaña solidaridad, los catalanes sienten una creciente «desafección» hacia el resto del Estado de la que, auguró, «costará recuperarse».

Tras amenazar con esa oleada de independentismo radical si el Constitucional se empeña en interpretar con rigor el Estatut, el convergente volvió su mirada hacia Zapatero para señalar que «pedir calma tras tres años de espera es de una audacia sin límites».

Mas también tuvo un recado para los magistrados, a los que advirtió de que «no deberían tocar una ley refrendada por el pueblo, otra cosa sería que las leyes que desplieguen el Estatuto puedan molestar a alguien y las impugne».

Por último, el presidente de CiU, que desatascó el papel protagonista del líder socialista en la negociación del Estatuto en el año 2006, manifestó su desconfianza en el jefe del Ejecutivo central. «Lo conozco, y creo que cada vez más gente lo tiene calado», comentó antes de alinearse con Montilla y reclamar una «estrategia conjunta catalana» por si finalmente se emite una «sentencia negativa».