Mas reta al Gobierno al promover un referéndum secesionista ilegal

El ‘president’ dice que Cataluña decidirá, con o sin el permiso del Ejecutivo central, si quiere ser un Estado en el seno de una UE, mientras Durán i Lleida endulza sus palabras en Madrid

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El surrealismo sigue campando a sus anchas en el Parlamento catalán. Justo el mismo día que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, aseguraba que el Fondo de Liquidez Autonómico permitirá que la región mediterránea haga frente en los «próximos días» a vencimientos de deuda por valor de 471 millones de euros, que de otro modo no podría pagar, y de que anunciara que el pasado martes la Generalitat le había pedido formalmente el rescate mientras convocaba elecciones, el president, Artur Mas, anunció ayer en la Cámara que convocará una consulta sobre la autodeterminación, aunque el Gobierno no la autorice.

«La consulta debe producirse en cualquier caso. Si puede ser por la vía del referéndum, mejor. Pero si el Gobierno da la espalda y no lo autoriza, debe hacerse igual. ¿Le parece ambiguo esto? ¿Más ambiguo que su federalismo?», replicó el líder de CiU al diputado del PSC Xavier Sabaté. Posteriormente, y para rizar el rizo, el dirigente nacionalista apostó por una UE como EEUU en la que su comunidad sería un Estado más. Eso sí, no especificó la estrategia a seguir con Bruselas.

«Todo esto lo tenemos que construir la próxima legislatura», explicó Mas, quien sostuvo que nadie en el resto de España cree en el federalismo porque hablan de la España plural como mucho, y cree que el PSC está solo en la defensa de su modelo.

Amén de la chulería y el mesianismo del jefe del Ejecutivo regional -«Solo soy un instrumento en favor de la autodeterminación»-, la estrategia de CiU, que no admite la palabra recorte para lo que queda de legislatura, apeló también al victimismo. Esta vez por parte de la vicepresidenta del Govern, Joana Ortega, que avaló el camino emprendido por su superior tras la rotunda negativa del Gobierno central a negociar el pacto fiscal y las «constantes humillaciones» que ha sufrido el pueblo catalán.

Mucho menos radical se mostró el líder de UDC y portavoz de los convergentes en el Congreso, José Antonio Durán i Lleida, que quiso matizar en la cadena SER las palabras de Mas: «Autodeterminación no quiere decir independencia. Son dos cosas distintas. Yo puedo ejercer el derecho a la autodeterminación y apostar por una fórmula para continuar en el contexto de España».

De hecho, el todavía número uno de ERC en la Cámara regional, Joan Puigcercos, exigió al president que se mojara y marcara en una votación la hoja de ruta.

Mientras, la líder del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, admitió ante el Parlament que la Constitución no es «inamovible» y se puede mejorar, aunque reclamó al jefe de la Generalitat que la respete, advirtiéndole que él no puede fijar las reglas de un referéndum, y sí suprimir todas las delegaciones catalanas en el extranjero y fomentar un plan de racionalización de los medios públicos y las empresas regionales, así como de las subvenciones innecesarias.

«No queremos cruzar fronteras para ir al resto de España. No somos extranjeros», continuó la popular, que advirtió a Mas de que, aunque recurra a la ambigüedad en su programa, los catalanes son conscientes de que su objetivo final es la independencia.

Camacho vaticinó también que una «Cataluña silenciosa que aboga por la unidad ha despertado de su letargo». «Usted ha empezado un camino hacia Ítaca, pero no nos lleve a los que no queremos ir», apostilló.

En Madrid, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se enzarzó en un duelo dialéctico con la portavoz socialista, Soraya Rodríguez, sobre esta cuestión, reprochándole que, en estos tiempos, apremien una reforma constitucional y la financiación autonómica.