Mas le dirá al Rey que los catalanes quieren buscar «su propio camino»

El Gobierno quiere tener encima de la mesa del Consejo de Ministros del próximo viernes el informe que ha encargado a la Abogacía del Estado sobre la declaración soberanista.

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No hay nada mejor que el nacionalismo para ocultar los problemas; es el mejor opio. Hace justo 80 años, Hitler conquistó a los germanos en las urnas prometiendo un futuro mejor para un país en la miseria pero, sobre todo, tocó la fibra más sensible de todos: el orgullo de ser alemán. Empleó el victimismo y el mesianismo para obtenerlo. Afortunadamente, Artur Mas no tiene nada de nazi -de hecho, quiere que los inmigrantes le ayuden-, pero sí de un político que se cree elegido por el destino y que se aferra al poder como sea, aun a costa de ser prisionero de sus palabras… y de ERC. Así, el próximo jueves, visita al Rey, cuyo retrato ocultó con una cortina negra en su discurso navideño, y al que le dirá que debe respetar que los catalanes hagan su «propio camino».

Se espera una reunión muy tensa entre el jefe del Ejecutivo y el líder de CiU, y lo más probable es que éste dé su rueda de prensa bien en la Ciudad Condal bien en la embajada que la región mediterránea tiene en Madrid.

«Hay un sentimiento importante, mayoritario, de la sociedad catalana, como se ha mostrado en el Parlamento, de construir este camino propio», afirmó Mas tras reunirse con el alcalde mejor pagado de España, el de la capital, Xavier Trías, especificando que el término propio no supone aislado.

Asimismo, el conservador afirmó que será una visita de cortesía como corresponde después de que el president toma posesión, y agregó que explicará su proyecto «si se dan las condiciones», que espera que se den, y si el Rey tiene ganas de hablar de eso. Conviene recordar que, más de una semana después de que Don Juan Carlos leyera su discurso de Nochebuena, Mas le recriminó las alusiones que hizo al rupturismo que con tanto fervor defiende desde la Diada. No le gustó tampoco que, días atrás, calificara de «quimera» el proceso independentista.

También quedan las hemerotecas para ver el desaire que le hizo el pasado 28 de septiembre el jefe de CiU al Monarca al negarse a dejarse fotografiar junto a él tras la inauguración de unas instalaciones pagadas con el erario público. La frialdad fue la nota predominante, y a buen seguro, el jefe de Comunicación de la Casa Real, Javier Ayuso, tiene mucho trabajo por delante.

Menos mal que Mas no viene acompañado del hombre que no le deja ni a solo ni a sombra, Oriol Junqueras, que se encontró el pasado 25 de noviembre un billete de lotería en forma de voto, ya que llevaba poco más de un año al frente de un partido moribundo, y solo tenía la experiencia de haber sido alcalde de San Vicente dels Horts, un pueblo de 28.000 almas de la Cataluña profunda.

Desde ERC espolearon al de CiU, animándole a la acción ante el «contraataque del imperio» con la ley que ultima Rajoy para tutelar la actuación en el extranjero de las regiones. 32,8 millones al año cuestan a la Generalitat sus embajadas…

Quizás sea la jefa del PPC, Alicia Sánchez Camacho, la que pueda resumir la kafkiana situación: Artur Mas delira. Por eso no se habla de crisis ni de Presupuestos.

Mientras, el Gobierno central quiere tener el próximo viernes encima de la mesa del Consejo de Ministros el informe que ha encargado a la Abogacía del Estado sobre la declaración aprobada por el Parlament que proclama la «soberanía jurídica y política» del pueblo catalán.