Manuel Pizarro se cansa de ‘sudar la camiseta’ y abandona su escaño

El ex presidente de Endesa, que llegó al PP como experto económico y figuró segundo en las listas de Madrid a las generales, deja tras de sí una estéril trayectoria en el Congreso

0

Para ejemplificar el significado de la expresión una muerte anunciada, el hasta ahora diputado del PP Manuel Pizarro ha comunicado al presidente de los populares, Mariano Rajoy, que abandona su escaño en el Congreso «por razones estrictamente personales».

El ex presidente de Endesa, que concurrió a las pasadas elecciones generales como número dos en la lista de la formación conservadora por Madrid, solamente por detrás del propio Rajoy, se ha olvidado de sus reiteradas manifestaciones de amor al servicio público y a los ideales conservadores y, quizá escarmentado por su incapacidad para hacerse siquiera el mínimo hueco en la actualidad patria, tira definitivamente la toalla.

Por supuesto, Pizarro, al que se presentó como el fichaje estrella del principal partido de la oposición y que estaba llamado a sustituir a Pedro Solbes como gran arquitecto de la economía española, se va como llegó, tan falto de realidades como sobrado de buenas palabras, y, antes de su espantada definitiva, comunicó al líder del PP que mantiene «su total compromiso con el proyecto político del partido», así como su militancia, al tiempo que le mostró su disposición a seguir participando de manera habitual en las actividades de la formación popular.

La réplica de la cúpula de Génova no fue menos cortés, aunque sí bastante más fría, y se limitó a agradecer a Pizarro el trabajo realizado en el grupo del Congreso. Además, la dirección conservadora aseguró que «piensa seguir contando con su experiencia y conocimientos para lograr que las propuestas conservadoras sean reconocidas por los españoles como la mejor solución a sus problemas actuales».

Tan almibaradas despedidas, quizá obligadas por la cortesía, no logran ocultar que la marcha de Pizarro se ha barajado casi desde el principio de la legislatura, especialmente después de que la dirección del Grupo Popular en la Cámara Baja decidiera que el empresario no ocuparía la portavocía de ninguna comisión.

De hecho, los insistentes rumores sobre el abandono obligaron en diversas ocasiones al propio Pizarro a proclamar con enorme solemnidad que no tenía intención de dejar su acta de diputado y garantizar que estaba «totalmente comprometido con el partido», afirmaciones que, como la propia valía política de su autor, perdieron ayer gran parte de su ya escasa credibilidad.

Cabe recordar que, en el momento de su sonado fichaje, Pizarro aseguró que se incorporaba con la intención de «sudar la camiseta, como uno más», y agradeció a Rajoy la oportunidad que le concedía para incorporarse a la primera línea de la vida política.

Para poder integrar las listas electorales del PP, dejó los cargos que tenía en ese momento como consejero de Telefónica y como vicepresidente de Bolsas y Mercados, unas responsabilidades bastante exentas de relumbrón mediático pero excelentemente remuneradas.

Una vez que su fallecimiento político estaba cantado, su nombre llegó incluso a sonar como candidato a ocupar la presidencia de Caja Madrid, un puesto que, finalmente, ha conseguido el ex vicepresidente Rodrigo Rato, figura con bastante más peso que él.

A la hora de buscar explicaciones a su fracaso, no hay que esforzarse para recordar el papelón realizado en su enfrentamiento televisivo con el entonces ministro de Economía Pedro Solbes durante la campaña electoral. El amplio favoritismo que se concedía al ex presidente de Endesa quedó defraudado durante aquel cara a cara, que solo sirvió para demostrar sus escasas dotes como comunicador y, de paso, para que él mismo se cavara una profunda fosa política de la que ha sido incapaz de escapar.