Los accionistas basaron su decisión en la confianza en el personal de oficina. / EFE
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“Me sentí engañado, estafado” fue la frase más repetida por los pequeños inversores de la salida a Bolsa de Bankia, que ayer aseguraron ante la Audiencia Nacional que acudieron a la operación en julio de 2011 para proteger sus ahorros de la bajada de los tipos de interés, animados desde sus sucursales “de toda la vida”.

Los testimonios de los accionistas resonaron durante esta última sesión en la sección cuarta de la sala de lo Penal, que por primera vez en seis meses dejó atrás los tecnicismos para escuchar los pormenores de cómo fue la comercialización del producto en el tramo minorista.

Como sucediera en la fase inicial del juicio, las defensas de Bankia y BFA encaminaron su interrogatorio a evidenciar ante el tribunal que ninguno de los testigos aceptó el mecanismo extrajudicial habilitado por la entidad en 2016, por el cual se han devuelto casi 1.900 millones de euros a 225.100 cuentas inversoras.

De este modo, según los datos manejados por los letrados del grupo, de los aproximadamente 11.000 afectados personados en la causa, sólo quedan pendientes de recuperar su inversión 176 cuentas de inversores, que corresponden a 205 personas físicas y 4 jurídicas.

“Conocí ese proceso, pero yo ya había hecho la denuncia”, reconoció uno de los afectados, que dijo que rechazó dicha vía porque “no quería solamente el 1 %, sino además los gastos” que suponía el haber estado personado en el procedimiento penal.

Otros que sí asistieron a esta ventana, insistieron en que el daño moral que les causó no poder disponer de su dinero durante más de un lustro les legitima para seguir en este caso, en el que Anticorrupción pide hasta cinco años de prisión para los exgestores de Bankia Rodrigo Rato, José Luis Olivas, José Manuel Fernández Norniella y Francisco Verdú, por estafa a inversores.

Penas que se elevan hasta los doce años de cárcel en el caso de las acusaciones populares y particulares, que achacan un presunto delito de falsedad contable a una treintena de exdirectivos del banco y su socio auditor.

Sobre los motivos por los que compraron “bankias” en 2011, los accionistas, muchos de ellos clientes de Caja Madrid, coincidieron en que basaron su decisión en la confianza que les despertaba el personal de sus oficinas.

También en la credibilidad de Rato, sobre el que les dijeron que “había sido el mejor ministro” y al que alguno vio “en la tele más de una vez, diciendo que nos sentiríamos un poco banqueros”, y en la propia campaña de publicidad, donde “lo ponían muy bien”.

Esta última afirmación despertó los símiles de la defensa del grupo, implacable con los testigos: “¿Cuando ve publicidad de lotería, sabe que es publicidad y puede que no le toque?”, preguntó BFA.

Reproches

Los inversores, que perdieron entre 20.000 y 1.200 euros en el salto al parqué de Bankia, aseveraron que durante la firma del contrato sus asesores “imprimieron bastantes hojas” si bien “apenas explicaron nada, explican lo que es, pero no los problemas, ni riesgos, ni precios, ni nada”.

Más detalles recibió otro pequeño accionista, ingeniero y economista de formación, al que la entidad facilitó “información pública, de los balances. Decían que era solvente y que con el nuevo equipo iba a tener más auge y más poder y la concentración le iba a ir mejor”.

En este sentido, dijo, aunque los balances mostraban unos resultados “no grandiosos, en principio eran solventes”, como le incidieron desde la entidad, cuyos empleados le insistieron tanto que acabó apostando por la operación a pesar de que “no era suficientemente atractiva”.

No obstante, la mayor parte de los reproches se dirigieron contra el banco como responsable de esta “estafa” y no contra sus trabajadores, ya que “muchos de ellos compraron también” tanto preferentes como acciones.

Adicae, cuya representación ha sido criticada por las defensas en varias sesiones, celebró que “por fin” la sala escuche la declaración de los afectados.