Leiva vuelve a sumergirse en la belleza de lo cotidiano en ‘Nuclear’

El cantante lanza su cuarto álbum en solitario, un trabajo en el que ha utilizado poca labor de producción para destacar unas canciones que surgen de momentos que parecen banales

93

‘Nuclear’ no es un disco de amor, pero habla de amor. Tampoco es un disco social, pero habla de las relaciones sociales. Y no es en realidad un disco existencialista, pero sí nace de esa cotidianeidad en la que Leiva encuentra sus canciones.

“Hay que tratar de seguir encontrando canciones en momentos cotidianos”, apunta el músico madrileño, para luego ahondar con decisión: “Las grandes canciones están en momentos que aparentemente no tienen ninguna importancia. No creo que las grandes canciones estén en los grandes acontecimientos de la historia”.

Y va aún más allá al asegurar que las canciones “que más nos conmueven” a todos tienen un toque de existencialismo cotidiano porque nacen en un “gesto en una siesta o un pelo en un lavabo”. “Ahí están las grandes canciones y me gustar estar siempre pendiente de eso”, apostilla.

El sonido del álbum acompaña esta idea, pues está “sostenido por la mínima producción posible, quitando elementos más que sumando con respecto a otros discos”. “Es un disco de banda tocado y grabado a la vieja usanza. Para ser honesto con los textos, que son también directos sin dar muchas vueltas, la música tenía que ser algo imperfecto pero auténtico”, resume.

Vuelve entonces Leiva al concepto de ‘Nuclear’, que tiene que ver, aparte de con el corazón de las cosas, con la imagen de un “lugar devastado, un escenario donde han ocurrido muchas cosas”. “Me gusta hacer esos símiles con las relaciones humanas. A veces un hotel, una habitación de hotel, tu casa o una casa de vacaciones se convierte en una zona nuclear, un lugar de batalla absurdo”, explica.

Y aún agrega: “Me gustaba esa imagen de las águilas sobrevolando una zona nuclear. Y me gusta ese doble sentido que tiene el disco, que al fin y al cabo es el núcleo de las cosas pero también las zonas devastadas, que es algo que nos ocurre a los seres humanos. Es también ese silencio, ese silbidillo que queda cuando todo ha acabado… Hay mucha música ahí”.

Sobre estas premisas ha levantado Leiva este ‘Nuclear’, su ya cuarto álbum en solitario desde los cada vez más lejanos ‘años locos’ de Pereza, que se aferra al corazón como núcleo de todo lo que nos pasa. Por eso, en su formato CD cuenta con una cuidada presentación original con un corazón decapado, obra de Boa Mistura.

“Así queda retratado el concepto del disco, con el corazón como núcleo desde donde ocurren las cosas. Es un corazón decapado, porque con cada pedacito que vas dejando de ti en cada canción va generando una capa y cuando superpones todas al final es un músculo donde nacen las cosas”, explica sobre esta peculiar edición, que busca un segundo objetivo.

Cuidar al romántico

“He tratado de cuidar al romántico que todavía se desplaza a una tienda a comprar un disco”, remarca, al tiempo que defiende: “Que se lo lleve, que lo huela, que se lleve un objeto realmente con compromiso y de valor. Cuidar el disco como objeto sigue siendo mi misión, aunque nadie lo entiende. Habría que sacar canciones sueltas y olvidarte de discos. Acabará ocurriendo, pero mientras se pueda yo quiero seguir contribuyendo a cuidar al comprador de discos”.

Tras lamentar que “vivimos en unos tiempos en los que el consumo de música es muy rápido, casi de comida rápida”, Leiva destaca que él pertenece a una “generación que entendía las canciones dentro de los discos”. A una generación, quizás más romántica, que daba más valor a la profundidad de una canción o un buen texto.

Y plantea divertido: “Ir dejando tus discos y libros en otras casas es casi como conquistar territorios. Ahí estás en esas casas. Nuestros discos y libros tienen tanto que ver con fragmentos de nuestra vida que es como los perfumes, que los hueles y vas directamente a alguien. A mi eso me pasa con los libros y las canciones”.