La crisis empuja cada vez a más españoles a Marruecos a traficar con estupefacientes

La mayoría de los implicados intentan introducir hachís y cannabis.

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La crisis económica ha empujado en los últimos meses a un número cada vez mayor de españoles a cruzar la frontera con Marruecos para intentar introducir en España hachís y derivados del cannabis.

Según el Consulado de España en Tánger, esta cifra se ha disparado, de forma que en un solo día pueden llegar hasta tres o cuatro los españoles detenidos por traficar con drogas. Algunos, los menos, pagan una multa y pueden irse después de haber conocido los calabozos de una comisaría.

Sin embargo, la mayoría acaba dando con sus huesos en una cárcel marroquí, donde las condiciones son de una gran dureza. Solo en el último mes han ingresado en la prisión de Tánger 15 españoles, que forman la comunidad extranjera más numerosa en esa penitenciaría, con 147 reclusos.

El cónsul patrio, José de Carvajal, alertó sobre las consecuencias del aumento de traficantes, provenientes principalmente de Andalucía y País Vasco, y recordó que las penas en Marruecos se cumplen «estrictamente, desde el primer día hasta el último». Asimismo, señaló que entre los reclusos hay muchos que pretendían sacar del país pequeñas cantidades de hachís, pero que, pese a ello, se han visto obligados a ingresar en la cárcel.

Según un reciente estudio, Marruecos es el mayor productor y exportador mundial de hachís, de forma que proporciona la mitad del que se consume en el planeta, aunque solo el 10 por ciento de los beneficios que genera esta actividad se quedan en el país africano.

Pese a la campaña emprendida por el Ministerio de Asuntos Exteriores sobre los «enormes problemas» de una detención en el extranjero, el aumento del paro ha llevado a más gente a intentar pasar el Estrecho con droga.

V.M.V., un joven de Pamplona, decidió pasar hachís acuciado por las deudas y «por una inversión en Suiza que llevo más de dos años y medio esperando, y nunca llega».

Fue detenido hace dos meses en Tánger con más de dos kilos encima, por lo que un tribunal le condenó a un año de prisión.

Las duras condiciones en la cárcel, en la que se hacinan más de 40 reclusos en celdas de 30 metros cuadrados, han llevado a varios presos extranjeros a declararse en huelga de hambre para tratar de mejorar sus condiciones.

«Una vez se me metió una cucaracha pequeña en el oído. Me hacía un daño terrible, pero me llevaron al médico y me dijo que no me pasaba nada. Una semana después, cuando no podía más del dolor, me tuvieron que sacar el insecto con agua a presión», relata.

Los reclusos españoles decidieron alzar su voz hace unos meses, cuando el preso Francisco Chasco Cabezón murió tras sufrir una infección de oído que derivó en una meningitis bacteriana.

La situación en las prisiones del país, que ya ha sido denunciada por las organizaciones humanitarias, convierte en una experiencia aún más dura la reclusión de los españoles que se arriesgan en una aventura de impredecible resultado.