La burocracia alarga la crisis

La irresponsabilidad alemana ha creado un gravísimo problema al sector hortofrutícola español y, aunque han rectificado, el daño ya está hecho

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El sector hortofrutícola español atraviesa desde hace dos semanas la crisis más importante de la última década, desde las vacas locas, tras la denuncia alemana contra una partida de pepinos nacionales como los causantes de una intoxicación mortal en ese país. Los alemanes rectificaron y actualmente siguen buscando al autor causante de ese problema, pero el daño ya está hecho.

Está por ver el montante de las indemnizaciones y, sobre todo, la recuperación de los mercados, pero lo que es evidente es que denuncias sobre intoxicaciones alimentarias son cuestiones de extrema gravedad que requieren una gran delicadeza para no llevarse por delante sectores enteros de los cuales dependen las rentas y el trabajo de miles de agricultores.

La crisis provocada por los alemanes, en lo que afecta a la política agraria, pone igualmente sobre la mesa otras cuestiones de fondo.

Uno de los debates más importantes de cara a la próxima reforma de la Política Agrícola Común es el mantenimiento de los mecanismos para la regulación de los mercados en condiciones normales, basados en sistemas de retirada, almacenamiento o apoyos para la exportación. Sin embargo, en los últimos tiempos, con el hundimiento de los precios de la leche en todos los países comunitarios, la comisión incluyó en su agenda la posibilidad de implantar en esa nueva reforma otros mecanismos específicos para hacer frente a situaciones de crisis. El objetivo es la posibilidad de disponer de un fondo para gestión de riesgos con posibilidad de actuar de forma automática, sin tener que recorrer todo el proceso actual de autorizaciones burocráticas en los medios comunitarios.

Hoy no existe ese dispositivo de intervención rápida para la gestión de riegos ante una situación excepcional como podría ser el problema de la intoxicación alimentaria achacada inicialmente a los pepinos españoles y que, en la actualidad, está en busca de autor. La situación ha causado también problemas entre productores de otros Estados comunitarios, pero la realidad es que el impacto negativo más importante se lo ha llevado el sector nacional.

La Administración española, de acuerdo con organizaciones agrarias y las comunidades autónomas, ha elevado ya sus demandas a las autoridades comunitarias para la aplicación de ayudas y compensaciones por las pérdidas ocasionadas y toca esperar el desarrollo de dichas medidas.

Ante hechos excepcionales como el actual, en conflictos diferentes, hay naciones, como sería el caso de Francia, donde las autoridades decidieron en algunos casos actuar a iniciativa propia y posteriormente negociar con Bruselas los mecanismos de ayuda. España, por el contrario, es uno de los países donde las autoridades son fieles cumplidores de las exigencias comunitarias y siempre se han negado a aplicar medidas de mercado por su cuenta por temor a las reacciones de Bruselas.

Alemania es el primer país importador de frutas y hortalizas españolas durante todo el año. En los últimos tiempos, han sido varias las irregularidades detectadas por las autoridades germanas en relación con algunas partidas españolas de frutas y hortalizas, sobre todo en hortalizas, por la existencia de residuos de productos de tratamientos de por encima de los niveles autorizados. En esas circunstancias, se puede decir que los Gobiernos español y alemán actuaron siempre desde la responsabilidad, se analizaron las partidas y se retiraron puntualmente de los mercados sin otros problemas. En este caso, la situación de intoxicación cogió a las autoridades alemanas con varios muertos sobre la mesa y, en un alarde de irresponsabilidad, de falta de información, se pusieron contra la pared a los productos nacionales.

No se puede hablar, aunque algunos políticos lo han dado a entender, que este problema responda a una guerra comercial contra los productos españoles en Alemania. No se ha producido nunca en ese país y no había razones para provocarla en este momento, justamente además en un período cuando bajan los volúmenes de los envíos y entran en producción hortalizas en esas zonas del norte de la Unión Europea, que serían hoy también las perjudicadas de forma colateral. De lo que sí se puede hablar es que la ofensiva contra los productos españoles haya sido utilizada por otros Estados y muy especialmente de los franceses, que ven en ello la ocasión para colocar sus hortalizas y, sobre todo, tener el campo más despejado para sus frutas de verano.

España es el segundo país más importante en la recepción de ayudas de la Política Agrícola Común. Alemania es el primer contribuyente a unos presupuestos comunitarios que se deben negociar en los próximos meses para definir las perspectivas financieras de 2014 a 2020. Además, sobre la mesa también estará en los próximos meses la reforma de la Política Agrícola Común de la que España recibe anualmente más de 7.000 millones de euros. En ese contexto, lo acaecido en Alemania se contempla con una doble mirada desde la propia Administración española. Dentro de la situación de malestar, hay quienes ven en la actitud de ese país una grave irresponsabilidad, pero no quieren hacer de ello un enfrentamiento a muerte de cara a las próximas negociaciones importantes en el marco comunitario.

Lo importante, tras la batalla, es que, hecho el daño, se produzca una recuperación de los mercados y que se compensen los daños con fondos comunitarios. Alemania es igualmente nuestro principal comprador, con diferencia, de frutas y hortalizas .Y, en ese contexto, no sobra el seguir en el futuro con unas buenas relaciones comerciales para que cualquier incidente menor que se pudiera producir en otro momento, se resuelva por la vía del diálogo.