El rastro de Diana Quer se perdió en la localidad coruñesa de A Pobra do Caramiñal, en agosto de 2016.
El rastro de Diana Quer se perdió en la localidad coruñesa de A Pobra do Caramiñal, en agosto de 2016. / europa press
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El Ministerio Fiscal solicitó la imposición de la pena de prisión permanente revisable para José Enrique Abuín Gey, alias ‘El Chicle’, por el secuestro, agresión sexual y asesinato “con ensañamiento” de Diana Quer, cuyo rastro se perdió en A Pobra do Caramiñal (La Coruña) en agosto de 2016. Así lo recogió el escrito de acusación presentado ante el Juzgado de Instrucción número 1 de Ribeira, que la semana pasada dio por cerrada la instrucción de este caso, y en el que se narra el ataque de “horror y terror extremos” del que fue víctima la joven madrileña, que contaba con 18 años cuando desapareció.

En concreto, la Fiscalía considera a Abuín Gey culpable de los delitos de detención ilegal y agresión sexual, por los que pide penas de 20 y 12 años de prisión. A mayores, le atribuye el asesinato con “alevosía” y “ensañamiento” de Diana Quer, por lo que reclama, al igual que la acusación particular que ejercen los padres de la joven, la prisión permanente revisable.

Al mismo tiempo, solicitó una indemnización para los padres de Diana de 254.000 euros, a los que se suman otros 36.000 euros para su hermana menor. Entre otras cuestiones, en el caso de ser excarcelado, pidió que se mantenga una orden de alejamiento de la familia de la joven por un periodo de 10 años, así como la prohibición de que resida o visite A Pobra y la obligación de que participe en un programa de educación sexual.

En la narración de los hechos, el escrito fiscal se remonta a la madrugada del 22 de agosto de 2016, cuando ‘El Chicle’, que había salido en coche de su domicilio en Rianxo (A Coruña), se topó casualmente con Diana Quer, que regresaba a pie sola sobre las 2,28 horas a la casa de veraneo de su madre.

Aprovechando que la joven se encontraba “absorta” manteniendo una conversación por Whatsapp, continúa, el procesado la siguió “con su coche, lentamente y sin perderla de vista, acechándola hasta un lugar apropiado para después abordarla” con la finalidad de “agredirla sexualmente” y siendo consciente de que “nadie podía auxiliarla”, dado que se encontraba en una zona deshabitada.

El Ministerio Público cree que fue Abuín Gey el que le cortó el paso con su coche y la llamó diciendo ‘Morena, ven aquí’, como ella misma contó a un amigo en el último mensaje de texto que pudo enviar. Sobre las 2,43 horas (momento en que Diana Quer realiza la última llamada de teléfono), el acusado, “actuando con el propósito de privarla de libertad” y “atentar contra su libertad sexual”, la abordó y “se abalanzó violentamente” sobre la joven, “reduciéndola por la fuerza”, sin que ella “pudiera hacer nada por impedir el ataque, al hallarse sola e indefensa” y después de que ‘El Chicle’ le arrebatase el móvil.

Maletero

Abuín Gey, según continúa el escrito, la introdujo a la fuerza en el maletero, atándola de manos y pies con bridas y amordazándola con cinta aislante, “anulando cualquier posibilidad escapatoria” y “teniéndola totalmente a su merced”. Al volante, el procesado abandonó A Pobra por la AG-11, desde la que, a pasar por el puente de Taragoña, tiró el movil de Diana Quer con la intención de que “no pudiese ser localizada”.

Pasadas las 3,00 horas de la madrugada, Abuín Gey llegó con la joven hasta una nave abandonada de la parroquia de Asados, que era “de sobra conocida” por ‘El Chicle’. “Conocía que era un lugar aislado y solitario, que no tenía vigilancia, los accesos a la nave y que esta estaba abierta, y sabiendo que contaba con camas y colchones en desuso, pero que eran adecuados para sus fines libidinosos, por lo que era un lugar perfecto para consumar su acción de violarla”, recogió el escrito.

El Ministerio Fiscal establece que Enrique Abuín estacionó su coche dentro de la nave y que “arrastró” a Diana Quer hasta el almacén del sótano, “un lugar carente de luz eléctrica y también de luz natural a esas horas de la noche, además de sórdido, sombrío, tenebroso y sucio”, donde, “teniendo a la joven a su merced, atada, sometida y aterrorizada, la desnudó” y la violó, “mientras ésta se resistía”. En algún momento, el acusado “le colocó una brida plástica alrededor del cuello”, de unos 47 centímetros de longitud, y la “apretó fuertemente” con la intención de “atentar contra su vida” y “ocultar” el secuestro y violación, matándola.