Uno de los bovinos de la ganadería de Miura llega a la parte final del recorrido en Pamplona. / EFE
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Los Sanfermines 2019 llegaron a su fin en una jornada marcada por la emoción de las despedidas que comenzó con un peligroso encierro con toros de la ganadería sevillana de Miura que dejó tres heridos por asta. La coincidencia del último día de las fiestas en honor de San Fermín en domingo hace que miles de personas se congreguen en las calles de Pamplona dispuestas a disfrutar hasta el último momento.

Ajenos a lo que suceda a partir del “pobre de mí”, corredores y espectadores no faltaron a su cita matinal con las dianas y posteriormente con el encierro, que en esta ocasión tuvo como protagonista a un toro colorado de nombre Rabanero, que tras resbalar en Mercaderes quedó descolgado del grupo y recorrió en solitario el trayecto desde Estafeta hasta el coso.

A su paso dejó tres corneados, el primero de ellos en Estafeta, el australiano J.C., quien presentó una cornada de 15 centímetros en el muslo izquierdo. Posteriormente en Telefónica corneó a M.P.S., de Alcobendas (Madrid), quien presentó una herida por asta en la axila, y también al australiano B.K., quien presentó una cornada en el brazo.

Los primeros bureles llegaron sin mayores incidencias y a gran velocidad a los chiqueros de la plaza de toros, mientras que Rabanero se entretuvo en el coso y obligó a intervenir a los dobladores ante sus intentos de darse la vuelta, lo que prolongó el encierro hasta los dos minutos y 42 segundos.

Finalizada la carrera, las primeras despedidas, la de los mozos que año tras año acuden fieles a su cita, y el inicio de la retirada del vallado, compuesto por 900 postes, 2.700 tablones, 2.500 cuñas y 70 puertas de distintos tamaños, una parte indispensable del dispositivo de seguridad del encierro, en el que los astados cubren los 848,6 metros que separan los corrales de Santo Domingo de la plaza.

La Octava en honor a San Fermín, el último acto institucional de las fiestas, reunió a numerosos pamploneses que acompañaron a la comitiva, encabezada por la corporación municipal, que se dirigió desde la plaza Consistorial hasta la parroquia de San Lorenzo. Allí se celebró una ceremonia en la que el párroco Javier Leoz recordó a José Javier Múgica, concejal de Unión del Pueblo Navarro de Leitza asesinado por ETA el 14 de julio de 2001, y Miguel Angel Blanco, edil del PP de Ermua, secuestrado por la banda terrorista y asesinado el 13 de julio del año 1997.

Oración

Además pidió una oración especial por los afectados por las devastadoras inundaciones de la Zona Media de Navarra, en especial a por la residencia de ancianos, muy dañada, a las que se destinó la colecta. Finalizado el oficio religioso, la comparsa de Gigantes y Cabezudos acompañó a la corporación en su regreso a la casa consistorial, con miles de personas que no quisieron perderse su despedida, bailes que emocionaron a pequeños y mayores y un nuevo homenaje a La Pamplonesa, que en su centenario fue la encargada de lanzar el chupinazo.

Con el fin de las fiestas llegaron los primeros balances y así el alcalde de Pamplona, Enrique Maya, destacó la “normalidad” y el buen ambiente con el que han transcurrido los Sanfermines, a excepción de una denuncia por agresión sexual que se está investigando y ha sido condenada por todos los grupos municipales y algunos incidentes durante el chupinazo y la procesión.