El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, Joaquín Galve. / efe
Publicidad

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra (TSJN), Joaquín Galve, afirmó, cuando se cumplen tres años de la violación grupal a una joven madrileña en los Sanfermines de 2016, que la víctima de la agresión sexual por La Manada sufrió un castigo añadido por la gran repercusión mediática del caso.

Galve, que defendió en la sala que estudió el recurso de casación que sí se trataba de una agresión y no un abuso sexual, aseguró en una entrevista que los procesos judiciales “no son matemáticas”, sino que hay muchos matices a tener en cuenta.

El magistrado rechazó que la justicia navarra, tanto la Sección Segunda como el propio TSJN, que confirmó la pena de nueve años por abuso sexual, hayan quedado en mal lugar.

El Tribunal Supremo dictaminó que lo que ocurrió en Pamplona el 7 de julio de 2016 no fue un abuso sino un tipo penal de agresión sexual, en contra de lo que determinaron dos tribunales anteriores: la decisión mayoritaria de los jueces de la Audiencia de Navarra primero, con un voto particular que discrepaba de los otros dos que formaban la terna y pedía la libre absolución, y del Tribunal Superior de Justicia de esa comunidad después, con dos jueces que emitieron un voto disidente y afirmaron que la condena debía ser por agresión sexual: eran Joaquín Galve y Miguel Ángel Abárzuza.

Al final el Supremo elevó la calificación a agresión sexual y condenó a los cinco miembros de La Manada a 15 años de prisión por la violación de una joven madrileña en los Sanfermines de 2016.

En total, intervinieron en este proceso 17 jueces: los cinco del Supremo, los cinco del TSJN, tres de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, tres que confirmaron el ingreso en prisión, y el juez instructor. Varios de ellos, comentó Galve, sobre todo los de la Sección Segunda, han sido objeto de insultos y amenazas y han necesitado protección policial.

— ¿La justicia navarra ha quedado en mal lugar tras la sentencia del Tribunal Supremo?
— El Tribunal Supremo puede venir siempre a enmendar o no la plana. En este caso, efectivamente, ha revocado la sentencia judicial y desde ese punto de vista sí que supone, no un varapalo tampoco, pero supone una rectificación.

— El Supremo apunta en su auto que existía la posibilidad de haber condenado a cada uno de los acusados por cinco delitos de agresión sexual. ¿En Navarra no se barajó esa posibilidad?
— Sé que el fiscal lo barajó en un primer momento, pero tanto el Tribunal Supremo como el TSJN y la Audiencia Provincial estamos vinculados por las acusaciones, y ninguna de ellas, ni las populares, ni las particulares ni el fiscal les acusó de varios delitos de agresión sexual.

— Entre los 17 jueces, uno defendía la absolución, otros vieron abuso y otros agresión sexual. ¿Cómo es posible tanta disparidad de criterios?

— Porque el Derecho no son matemáticas. Si lo fueran, sería muchísimo más sencillo para nosotros. Es un tema complejo, es una agresión sexual en la que existen diferentes connotaciones y a mucha gente le ha hecho pensar que no se trataba de una intimidación sino de un prevalimiento (situación ventajosa de superioridad, confianza, prestigio o potestad con respecto a la víctima para poder cometer con éxito el acto delictivo). El matiz ya de por sí es bastante sutil.

— ¿Los jueces se han sentido presionados?

— Está claro que influidos no han estado, porque ninguno de los tres (de la Sección Segunda) dijo lo que la calle pedía, pero desde el punto de vista personal sé que lo han pasado mal. En la calle han tenido que llevar protección durante un tiempo y se tenían que abstener de frecuentar ciertos sitios para evitar problemas. Ha habido insultos y amenazas.Joaquín Galve: “La víctima de La Manada sufrió un castigo mediático”