«Hemos mejorado un poco»

Mientras el capitán del atunero confirma que los indicios de liberación de los dos piratas han suavizado la vida a bordo, las familias insisten en que la situación es desesperada

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No parecen fiarse del todo los marineros del Alakrana y sus familias de la confianza expresada ayer por el presidente Zapatero en que el secuestro está «encauzado» y, por tanto, en vías de solución.

Tanto por parte del patrón del buque como por los familiares de los 36 rehenes, se continuó ayer con la misma táctica, hasta ahora tan eficaz, que aboga por los ruegos, pero que también insta a golpear simultáneamente con el mazo por si las plegarias no surtieran efecto bastante.

El flanco optimista lo ofreció el jefe del atunero, Ricardo Blach, quien aseguró que las condiciones de vida a bordo de la nave me han mejorado «un poco» y han disminuido las «agresiones y vejaciones» a las que son sometidos los 36 tripulantes desde que se sabe que el Gobierno español estudia la posibilidad de extraditar a los dos piratas que permanecen presos en Madrid.

De ahí que Blach urgiera a que se haga efectiva dicha medida, ya que «si la Audiencia Nacional dicen que no vienen para aquí, empezarán a matarnos».

«La noticia nos ha venido de maravilla», reiteró el marino antes de mostrarse «prácticamente seguro» de que los tres compañeros que fueron desembarcados por los corsarios están de nuevo en el buque, aunque no ha podido verlos.

Blach, de 59 años y natural del municipio pontevedrés de Baiona, explicó que el armador del Alakrana los llamó «muy temprano» desde Nairobi para decirles que, tras la reunión del domingo entre el primer ministro de Somalia y el embajador de España, se estudia la posibilidad de extraditar a los dos cautivos.

«La noticia nos ha venido de maravilla», confesó, porque así «han dejado por el momento los abusos, las palizas, los malos tratos y la agresividad terrible que tienen porque están todo el día drogados».

Los tripulantes han pedido a los «alrededor de 30 piratas» que están a bordo del Alakrana que dejen de tirar agua potable por la borda, «y parece que lo respetan». Respecto a los víveres, el patrón confirmó que tienen existencias bastantes, pero insistió en que «las instituciones tienen que ponerse de acuerdo para que vuelvan los piratas». «Si no, lo vamos a pasar muy mal», alertó a modo de resumen.

Mientras tanto, en España, los allegados no permitieron que la campaña de presión decayera ni un solo instante y declararon que los pescadores están «al límite» y que les transmitieron ayer mismo un mensaje de «socorro», porque «no aguantan más».

Tales manifestaciones las realizaron al término de la reunión mantenida en Bilbao con el Ararteko (Defensor del Pueblo vasco) Íñigo Lamarca, al que, como a las demás instituciones, advirtieron de que «los mensajes de tranquilidad no valen».

Argi Galbarriatu, hermana del capitán del atunero, trasladó, en nombre de todo el colectivo, su confianza en que hay «vías» para que termine «pronto» el cautiverio. «Esperemos que se haga todo los posible, y que se haga pronto, porque es muy urgente, es vital», urgió.

Asimismo, aunque confirmó que es cierto que en la nave hay agua potable, «no les llega» a los tripulantes, porque los piratas la «desperdician delante de ellos». Asimismo, explicó que la «poca» comida que tienen, los somalíes la tiran «por la borda» después de enseñársela.

Por esa razón, reclamaron «ayuda humanitaria urgente» para el barco, porque «la necesitan para seguir viviendo». «No aguantan más, tal y como ha dicho la ministra, no se encuentra bien la tripulación en estos momentos, están fatal, en unas condiciones pésimas bajo humillaciones y vejaciones continuas. Esos hombres no van a aguantar más, la llamada de hoy ha sido muy dramática, muy fuerte, nos ha puesto a todas los pelos de punta», añadió angustiada.

La hermana del capitán informó de que hoy mismo acudirán hasta la Audiencia Nacional, habida cuenta de que, «más o menos, está allí la solución», por lo que esperan tener «noticias alentadoras».

Como colofón a su larga y dramática exposición, Galbarriatu explicó que las últimas llamadas que han recibido de sus familiares concluyen siempre «con un mensaje de despedida», porque creen que «va a ser la última vez que van a hablar con nosotros».

«Con eso se dice todo; hasta ahora no se ha tomado demasiado en serio la capacidad que tienen los piratas. Los hombres nos están dejando ver cómo están sufriendo y lo duro que está siendo todo eso», resumió antes de lamentar un día más que el Gobierno central no les da «información detallada».