Fiestas pasadas por agua

El mal tiempo ha protagonizado las procesiones en una buena parte de la península Solo Andalucía, a diferencia de los últimos años, se ha salvado de la lluvia y el frío

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Varias fueron las procesiones de Semana Santa que, en casi todos los rincones de la geografía española, no pudieron pisar la calle, suspendidas por la lluvia o la nieve. En la tradicional de los picaos, en la localidad riojana de San Vicente de la Sonsierra, la intensa lluvia obligó a que los siete disciplinantes (picaos) hicieran su penitencia dentro del templo, en presencia del numeroso público que abarrotaba el edificio.

También en La Rioja, la lluvia obligó a suspender la del Santo Entierro, acto central de la Semana Santa de Logroño.

La nieve y la lluvia fueron asimismo las causantes del fiasco de la procesión de Los Pasos en Segovia, pues ya por la mañana el mal tiempo impidió el traslado procesional hasta la Catedral de las imágenes de tres de las 10 cofradías de la ciudad castellana.

La lluvia cayó con fuerza también sobre Valladolid durante toda la jornada de forma intermitente, e incluso se alternó con el granizo, razón por la que se suspendió el desfile de los caballeros que pregonaban el Sermón de las Siete Palabras y obligó a omitir la procesión General del Viernes Santo, que saca a las calles a 32 pasos de incalculable valor artístico.

En Zaragoza, la pertinaz lluvia fue también triste protagonista de la finalmente inexistente Procesión del Santo Entierro, hito culminante de la Semana Santa maña.

La Hermandad organizadora decidió por unanimidad, dadas las predicciones meteorológicas -lluvias intermitentes, débiles y moderadas-, resguardar los pasos debido a los daños que podía provocar el agua en las imágenes, tal como ocurrió en 2005, cuando les cayó una gran granizada.

Sin embargo, los elementos atmosféricos no impidieron que los vecinos de la localidad salmantina de Serranilla de Arroyo escenificasen el tradicional Vía Crucis Viviente, en el que participan alrededor de 50 habitantes de esta población de 250 vecinos.

No ocurrió lo mismo en la localidad cántabra de Castro Urdiales, donde la Pasión Viviente fue representada bajo la lluvia, hasta que la insistencia del mal tiempo obligó a suspender el final de la celebración.

En Navarra, la Hermandad de la Pasión no llevó a cabo la procesión del Santo Entierro en Pamplona a causa de la lluvia, algo que sucedía por quinta vez en los últimos ocho años.

En todo caso, donde la madre naturaleza fue más clemente, lo que se vivió fue una masiva asistencia. Así fue, por ejemplo, en Sevilla, escenario de las procesiones más antiguas. Allí el sol y las agradables temperaturas permitieron que miles de personas se se congregaran para ser testigos del homenaje a la muerte y resurrección de Cristo.

No obstante, cantidad y calidad no parecen ir siempre de la mano, puesto que muchos sociólogos se preguntan si todo esos asistentes son fieles seguidores de la fe católica. La respuesta es negativa. Es más, los expertos consideran que las procesiones se han desprendido casi por completo de su carácter religioso para convertirse en emblemas culturales, como pueden ser las Fallas o los San Fermines. Sin embargo, una cuarta parte de los españoles participa activamente o asiste como telespectadores a las celebraciones. Así lo indica el estudio La situación de la religión en España a principios del S.XXI, elaborado por los sociólogos Alfonso Pérez- Agote y José A. Santiago García. «Las procesiones son formas culturales en las que cada vez tiene menos que ver la Iglesia», concluye el trabajo.