España limita su castigo a Cuba por el ‘caso Yáñez’ a un suave reproche

Moratinos cree una «torpeza» la actitud de La Habana, pero anuncia que no acarreará cambio alguno en la intención española de trabajar para que Europa dulcifique su política hacia la isla

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Como si de la travesura de un pariente malcriado se tratara, el desplante de Cuba a Madrid, al impedir la entrada en la isla del eurodiputado socialista Luis Yáñez, fue acogido ayer con reproches formales pero cierta benevolencia de fondo. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y el propio dirigente del PSOE vetado por el régimen comunista, consideraron una «equivocación» y una «torpeza» la actitud de las autoridades caribeñas, pero, acto seguido, dejaron bien claro que el «error» no afecta en modo alguno a la voluntad de España, empeñada en suavizar la política europea hacia La Habana y, en consecuencia, el patinazo no será obstáculo para avanzar en la negociación de un acuerdo bilateral, que deberá abordarse durante este primer semestre de 2010, en el que Madrid ostenta la jefatura del Consejo de la UE.

Tal documento sustituirá la Posición Común que actualmente rige la política comunitaria con respecto al país comunista desde 1996 y que condiciona la ampliación de las relaciones bilaterales a que se produzcan avances significativos en la democratización y el respeto a los Derechos Humanos.

Así de claro se expresó el jefe de la diplomacia patria durante un encuentro que sostuvo ayer en Madrid con corresponsales de medios de comunicación extranjeros, ante quienes admitió que Yáñez «no es una persona muy apreciada por el régimen cubano», porque ha tenido «posiciones críticas», aunque, cuestionó, «de ahí a expulsarlo…».

En su empeño por quitarle hierro al rifirrafe, Moratinos destacó que la Unión Europea y Cuba han «abierto un capítulo de diálogo e involucración», y consideró que es «normal» que semejante proceso «tenga altibajos» en un «momento de transición». Como refuerzo a sus argumentos, remarcó que «el aislamiento, la confrontación y el bloqueo no han dado frutos en 50 años», de modo que «lo importante es ayudar a que el proceso de reformas en Cuba avance».

No obstante, «si no hay consenso europeo» en la materia, España seguirá «trabajando en el marco bilateral» con la isla, siempre, claro está, que tal como recalcaba el comunicado emitido por Exteriores al término del encuentro entre el secretario de Estado para Iberoamérica, Juan Pablo De Laiglesia, y el embajador cubano en Madrid, Alejandro González, no se vuelvan a producir incidentes como el de Yáñez, porque «no ayudan al desarrollo de las relaciones entre los dos países».

Mientras tanto, Yáñez, la víctima del entuerto, explicaba que su visita frustrada a Cuba no tenía otro propósito que el de hacer turismo junto a su esposa, Carmen Hermosín, una circunstancia que La Habana niega, puesto que, a su entender, el socialista pretendía entrevistarse durante su estancia con representantes de la disidencia. Ayer, en rueda de prensa, el andaluz explicó que en el momento de prohibirle la entrada no le dieron ninguna explicación y que ha sido De Laiglesia quien le ha comentado que el embajador del país caribeño, Alejandro González Galiano, considera que el suyo era un viaje «no inocente». Tal calificativo mereció la réplica del dirigente del PSOE, que insistió en que su visita era «de descanso» y que no tenía preparada ninguna «agenda oculta».

Eso sí, añadió que, «como ciudadano libre que vive en un país democrático», no se «autocensuraba para ver allí a quien quisiera ver, con los únicos límites de que, si esas personas eran del ámbito político, no fueran radicales y sí partidarias del diálogo y la reconciliación nacional, demócratas, en una palabra».