El maquinista identifica al revisor del tren como el autor de la llamada

El interventor pedía al conductor que entrara por la vía más próxima a la estación de Pontedeume, antes de Ferrol, para facilitar que una familia se apeara del vehículo.

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Una llamada del revisor del propio tren momentos antes del accidente se perfila como el origen de la distracción que sufrió el maquinista del convoy que la semana pasada descarriló en las inmediaciones de Santiago de Compostela, en la peor tragedia ferroviaria en 40 años en el país.

Francisco José Garzón, a quien el juez imputa 79 delitos de homicidio impridente -tantos como víctimas mortales- y «una pluralidad» de delitos de lesiones, acudió ayer voluntariamente ante el magistrado que investiga el accidente para decirle que el interventor le llamó a su teléfono móvil corporativo poco antes del siniestro.

Desde que el martes se abrieron las cajas negras del tren y se comprobara que el maquinista había respondido poco antes del siniestro a una llamada en su terminal -prohibido por la normativa interna salvo en casos excepcionales y de emergencia-, se especulaba con quién podía haber sido el autor de la misma.

El Tribunal Superior de Justicia de Galicia señaló el martes que parecía tratarse de un controlador de Renfe, la operadora pública ferroviaria, que daba indicaciones al maquinista para el último tramo de su viaje. Las investigaciones policiales, sin embargo, desvelaron ayer que esa llamada se hizo desde dentro del propio tren y el maquinista lo corroboró en una comparecencia voluntaria ante el juez.

Tras pasar los dos primeros días tras el accidente arrestado en un hospital, Garzón declaró el domingo y ocultó haber recibido la llamada de teléfono del revisor. «No quiero involucrar a nadie», comentó a compañeros suyos que hablaron con él el martes después de que se conocieran los primeros datos de las cajas negras del tren, según publicó ayer un diario de tirada nacional.

En esa primera declaración ante el juez que investiga el siniestro sí dijo haber sufrido un «despiste» que le hizo no saber en qué tramo se encontraba y afrontar una curva cerrada al doble de la velocidad que debía, pero no detalló cuál había sido ese despiste. Sin embargó, el revisor admitió al mismo periódico haber hecho la llamada: «Llamé al conductor para que se apeara una familia», manifestó Antonio Martín Marugán, que en su declaración ante la Policía negó en su día haber mantenido contacto alguno con el maquinista.

Al parecer, en el tercer vagón del tren viajaba una familia con varios niños que tenía que bajar en la localidad de Pontedeume, antes de Ferrol, el destino final del convoy, y él llamó al conductor para pedirle que entrara por la vía más próxima a la estación a fin de facilitar que esa familia se bajara del mismo.