El empresario catalán pasa de secesiones

Mas reconoce que los hombres de negocios de la región están preocupados tras la Diada

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Por mucho que el presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, insista beligerantemente, como ayer, que resistirán a la «provocación» y «las pieles de plátano» que va a poner el resto de España para impedir el camino que ha iniciado su comunidad hacia su secesión, amén de tirar de poesía con «la llama que calienta el corazón» de su pueblo, hay una cosa que no es menos cierta: que la pela es la pela, y los empresarios de la región mediterránea están más que preocupados.

Así lo reconoció el mismísimo líder de CiU, que explicó que la independencia no es un objetivo «a cortísimo plazo», al tiempo que argumentó que el futuro de la comunidad no debe hacerse «con guerrillas y batacazos», sino «de forma civilizada».

Para ello puso como ejemplo el caso británico, en el que el Reino Unido ha permitido un referéndum soberanista con Escocia, donde gobiernan los nacionalistas y que se celebrará en otoño de 2014.

Pero además, aseguró que él no tiene ningún problema en usar la palabra independencia. «No tengo ningún reparo en que se utilice», aseguró, precisando que Cataluña sería más «interdependiente». En todo caso, explicó que no aboga por la desaparición de las relaciones de todo tipo que mantienen su región y el resto del Estado, garantizando que habría una relación «intensísima» con el conjunto de España: «Seríamos europeos todos, y los lazos sentimentales, los intereses y las relaciones no se cortarían de la noche a la mañana».

El surrealismo se tornó en delirio cuando rechazó que un futuro Estado catalán deba tener Ejército propio: «Estamos dentro de un marco conjunto, que es la OTAN y la UE, por lo que no tiene sentido destinar recursos a Defensa cuando la tendencia es compartirlos».

Eso sí, al menos garantizó que en su nueva tierra se mantendría el uso del castellano -igual desaparecería la persecución lingüística de una vez-, «una lengua que a los catalanes les conviene saber y que sigue siendo de uso común por muchos ciudadanos de la comunidad autónoma».

Otro punto interesante que tocó Mas fue la presunta disconformidad de su aliado, UDC, que lidera José Antonio Durán i Lleida, y que nunca ha apostado por la secesión. Tras negarlo, el propio portavoz en el Congreso le apoyó: «Mi formación contribuirá a la vía que el pueblo de Cataluña se proponga el día que sea consultado, auntrataremos de que no descarrile el tren que se decida utilizar. Yo no temo a nada».

Desde Madrid, más que temor había un enfado monumental a cinco días del encuentro entre el president y Rajoy. Así, la número dos del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, apeló a la «moderación y la responsabilidad» del Gobern porque la prioridad es afrontar la crisis económica, al tiempo que advirtió de que los inversores en los mercados y los países de la UE están «muy atentos» a la situación política española. Además, recordó, como ya lo hiciera 24 horas antes el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Alfonso Alonso, que al rebelde político le puede suceder lo mismo que al exlehendakari Juan José Ibarretxe y su plan soberanista.

En la misma línea se posicionó la secretaria general de los populares, María Dolores Cospedal, que denunció la «falta de talla política» de Artur Mas abriendo el debate sobre la independencia de su comunidad para «tapar la situación» e «ir a unas elecciones». «Es una huida hacia adelante», concluyó.

Las advertencias parece que se perdieron por el camino, ya que la Generalitat rechazó que su «cambio de rasante» de los últimos días le impida ser rescatada. Desde otras regiones se habla de «chantaje».