«El ‘Alakrana’ navega libremente»

Los 36 tripulantes del atunero vasco arribarán mañana, sanos y salvos, a Seychelles para tomar luego un avión que les dejará en Madrid, donde les recibirán sus eufóricos familiares

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De no estar por medio la vida de 36 personas, a buen seguro que José Luis Rodríguez Zapatero firmaría ahora mismo un nuevo secuestro como el que ayer terminó felizmente cuando los piratas somalíes liberaron al atunero vasco Alakrana tras 47 intensos días de cautiverio. Fue precisamente el presidente del Gobierno quien se adueñó de todo el capital político al anunciar en persona la buena noticia con un tono justificadamente eufórico, no solo por haber logrado rescatar sanos y salvos a todos los marineros, sino dado que, en estos tiempos de tormenta económica, la aparición del jefe de la Moncloa con nuevas de las que presumir supone un activo casi incalculable.

El precio de este indudable éxito de la diplomacia patria, que además no ha supuesto, de momento, la arbitraria liberación de los dos corsarios encarcelados en Madrid, ha sido, al menos según explicaron los propios captores, de 3,5 millones de dólares -unos 2,36 millones de euros-.

«El Alakrana navega libremente y todos los miembros de la tripulación están sanos y salvos», fueron las palabras textuales que pronunció el líder socialista para anunciar el final de la odisea.

Sin querer aclarar cuál ha sido la contraprestación que España ha dado a los bucaneros, el inquilino de Moncloa sí aprovechó la multitudinaria rueda de prensa para pedir «prudencia» a los medios de comunicación a la hora de informar, supuestamente para no ensuciar una sensación de triunfo que bien podría empañar la certeza de que un Estado ha claudicado ante una banda de delincuentes, que han logrado pingües beneficios. Con la generosidad del que gana, Zapatero aprovechó además para agradecer a las familias de los tripulantes «su actitud, aunque lo han pasado mal».

«Lo que les pedí en la reunión que mantuve con ellos lo han cumplido fielmente, algo que ha resultado decisivo para que hoy -por ayer- podamos sentirnos tranquilos», explicó el jefe del Ejecutivo en referencia a su ruego para que las familias cesaran sus continuas y acerbas críticas hacia el Gabinete.

También se acordó Zapatero del presidente del PP, Mariano Rajoy, al que felicitó por haber propiciado «un clima de apoyo» al evitar en todo momento hacer sangre a cuenta de la más que discutible gestión de la crisis.

Bastante menos condescendiente fue el jefe del partido de Ferraz con los periodistas, a quienes volvió a negar cualquier información sensible sobre la cuestión, puesto que, lejos de dar detalle alguno sobre el desarrollo de las negociaciones, reclamó «prudencia, discreción y colaboración».

Esa fue su receta tras ser interrogado por la cuantía del rescate y por la posibilidad de que ahora, con los marineros libres, la Armada perseguirá a los piratas. Como única contestación, el presidente del Gobierno se limitó a argumentar que tales asuntos «afectan a la seguridad del Estado».

No mucho más explícito fue el socialista con respecto al destino que les espera a los dos piratas que están siendo juzgados en España, y respecto a los cuales reclamó «no prejuzgar la situación», que «está en manos de la justicia», y esperar a que se vayan sucediendo los acontecimientos en la Audiencia.

Como alegato final, una vez resuelto el contencioso, Zapatero por fin asumió «con toda responsabilidad» las decisiones «no fáciles» que ha tenido que tomar el Ejecutivo, y reiteró que «la primera consideración» ha sido la vida y la libertad de los tripulantes. «Entiendo que es lo que haría cualquiera en mi lugar», resumió.

Cabe recordar que las negociaciones, de las que asumió las riendas y el coste político la vicepresidenta De la Vega, estuvieron centralizadas en la embajada española en Kenia, desde donde el encargado de la legación, Nicolás Martín Cinto, en compañía del armador del pesquero y de diversos miembros del CNI, condujeron las conversaciones.

Ahora, ya sin delincuentes armados a bordo, el pesquero viaja con rumbo a las Islas Seychelles, a donde, si se mantienen sus 14 nudos de velocidad, llegará mañana. Allí espera el avión de la Fuerza Aérea que, tras una escala en Djibouti, traerá a los tripulantes de regreso a España, donde les aguardan sus ansiosos y alegres familiares, casi desesperados hasta ayer mismo después de más de cuatro semanas sin apenas noticias directas de sus allegados.

Tal aislamiento terminó gozosamente, puesto que fueron los propios tripulantes quienes se encargaron de comunicar la buena nueva mediante sus teléfonos móviles. Según relató la hermana del capitán Galbarriatu Argi, la conversación fue breve, pues todos querían hablar, pero quedó bien patente la «emoción» que les embargaba tras sentirse de nuevo libres.