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“El libro tiene un valor terapéutico, nos ayuda a escapar de la realidad», afirma en una entrevista la escritora Julia Navarro, que emana paz y una sorprendente seguridad para algunas cosas e inexplicable para otras.
Navarro firmó libros en la Feria del libro de Madrid, un encuentro con lectores, editores y libreros con motivo de su último trabajo, ‘Tú no matarás’, experiencia “muy enriquecedora”.

Cuenta que también es divertido el encuentro con su público. “Algunos vienen y me regañan. ¡Oiga, pero este final! Tendría que haber terminado bien el libro. La verdad es que es tristísimo. ¿No podría usted haber terminado de otra manera?”.

— ¿Cómo es la relación con los lectores cuando se produce ese contacto directo?

— Tengo una relación muy muy cálida y muy agradable con los lectores. Hay gente que viene, le firmo el libro y se va corriendo. Pero hay otros que inician una conversación y yo, en la medida de lo que puedo continuar la conversación, lo hago, porque me interesa. Yo tengo una enorme curiosidad por la vida, por lo que sucede a mi alrededor y cómo no voy a sentir curiosidad por lo que me cuentan las personas que amablemente compran mis libros.

— ¿Y qué dicen?

— “Me van a operar…”, “¿Qué libro suyo me recomienda para que me lleve al hospital?”… O “estoy saliendo de una mala una mala racha y me gustaría que me dijera qué me llevo”. Y yo no solamente recomiendo mis libros, digo: “Pues mire yo creo que con esta mala racha yo creo que debería de comprar este otro y este otro y este otro”. No tengo un sentido patrimonialista de los lectores.

Navarro cuenta una anécdota con una señora que se empeñaba en llevarse ‘Historia de un canalla’.

“Y de repente me contó que estaba pasando un mal momento, se había muerto su marido, a ella le habían detectado una enfermedad y le dije: es que usted este libro no se lo va a llevar. (…) Entonces ella insistía: “¡Es usted mi escritora favorita!” Y le dije: “Ya, pero lo dejaré de ser si lee usted este libro en estas circunstancias de su vida”. Estuvimos ahí un rato tirando del libro ante la mirada atónita del librero, pero al final no se lo llevó.

“Los libros también ayudan a salir de la realidad y cuando uno abre las páginas de un libro se marcha a otra parte; es un largo viaje que inicias en el que conoces otra gente otras formas de pensar otros paisajes, te ayuda a reflexionar y por tanto en qué momento leemos un libro es muy importante lo que nos va a decir ese libro.

— ¿El último libro siempre es el mejor? ¿Es ‘Tú no Matarás’ el mejor de sus libros?

— (Sonríe) Es un libro que me ha costado mucho escribir, pero si echo la vista atrás digo que todos me costaron mucho. ‘Tú no matarás’ es un libro muy especial pero sin duda el libro favorito de mis lectores es ‘Dime quién soy’. (…) Yo creo que mi mejor libro es ‘Historia de un canalla’. Y ‘Tú no matarás’ es un libro muy especial, es un libro sobre la vida, sobre la travesía de la vida. Es un homenaje a la literatura, un libro sobre libreros, sobre escritores, sobre editores y también sobre lectores. Es un homenaje al mundo de los libros y a todos los que lo hacen posible.

— En un momento de ‘Tú no matarás’ uno de los protagonistas dice: “No concibo oficio más hermoso que el de sumergirse en los mares que forman las palabras”. ¿Es la literatura el oficio más hermoso?

— Para mí sí. Es decir, para mí la última aventura que uno puede emprender es la de sumergirse en las páginas de un libro. En los libros está todo, absolutamente todo. Yo no concibo nada más maravilloso que leer.

— Antes de dedicarse por completo a escribir fue periodista…

— Yo he ejercido el periodismo, y el periodismo y la literatura son caminos paralelos. (…). Yo me lo he pasado muy bien haciendo periodismo y precisamente porque el periodismo ha sido tan importante para mí cuando empecé a escribir libros fui consciente de que hubo un momento en el que las dos cosas era muy complicado compaginarlas.

— Ha contado que tiene una frustración por no hacer podido ser bailarina. La dedicación a la literatura, ¿es vocacional o ha sido circunstancial?

— Mi vida está llena de casualidades. Yo siempre terminaba haciendo lo que nunca esperaba que iba hacer. Me gustaba escribir. Desde pequeña me encantaba escribir. (…)

La autora recuerda aquí a alguien fue determinante cuando se dio cuenta de que no iba a poder dedicarse al ballet de manera profesional. Una profesora de literatura que le inculcó el amor por la lectura y le enseñó a disfrutar de los autores. Una profesora que contagiaba el amor por los libros.

Esa profesora, Conchita Fernández Débora, sí que fue una persona determinante a la hora de que yo me planteara ‘qué voy a hacer con mi vida’.

Y de nuevo, Navarro cuenta otra anécdota. Si no podía bailar quería saber las respuestas. Estudiar física para encontrar los porqués de los misterios del ser humano, del origen, del ‘¿qué hacemos aquí?’.

Creí que lo iba a conseguir a través de la física. Y esta profesora me dijo: “pero vamos a ver ¡si tu física, matemáticas y químicas las apruebas por los pelos! Reflexiona que es lo que realmente se te da bien donde tienes buenas notas”. Y claro todas mis buenas notas eran las asignaturas de letras.