Bienestar para todos

Las granjas de gallinas ponedoras o de porcino que no se adapten a las nuevas normativas de la Unión Europea tienen el futuro negro

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La Comisión de la Unión Europea (UE) acaba de publicar un texto sobre lo que quiere que sea en el futuro el bienestar animal. Esta estrategia se aplicará para el período de 2012 a 2015, y la misma afecta al conjunto de las cabañas ganaderas, muy especialmente a aquellas que, por su sistema de producción intensivo, pueden tener unas condiciones más deficientes para su vida, 2.000 millones de aves y 300 de vacas, cerdos u ovejas, pero, tampoco olvida a los más de 100 millones de gatos y perros que hay en todos los países de la UE. Al margen de comentarios de café, puede suponer un tsunami económico en la actividad de las explotaciones ganaderas.

El planteamiento para mejorar el bienestar animal no es un hecho aislado de la Comisión, sino la continuación de una política que se trata de aplicar abarcando todo el proceso desde los sistemas de producción a los de transporte y finalmente del sacrificio, cuestiones que ocupan y que preocupan en el gremio, sobre todo por el incremento de costes que ello supone para las explotaciones.

Entre 2006 y 2010 se estuvo aplicando otra estrategia para la mejora del bienestar animal. Bruselas reconoce que se han dado avances, pero considera que no ha sido adecuada su aplicación en cada uno de los países. En unos casos, por falta de voluntad política. En otros, por falta de conocimiento y por la existencias de una normativa dispersa y confusa.

Todo esto se quiere corregir con la nueva estrategia, para cuyo desarrollo contará desde este semestre con la Presidencia danesa, un país tradicionalmente involucrado en medio ambiente y bienestar animal.

La cuestión es un tema recurrente que, en ocasiones puede ser tomado hasta con cierta guasa desde aquellos medios que no se hallan directamente implicados con el desarrollo de la actividad ganadera. Pero el asunto tiene muy importantes implicaciones en la actividad económica para cabañas ganaderas como la avicultura o el porcino, en especial.

En el pasado, el cumplimiento de las normativas sobre bienestar animal fue una exigencia sobre la que no se ha actuado con mucha presión y de cuyo cumplimiento o no, cabía la posibilidad de sufrir determinadas penalizaciones en las ayudas comunitarias o sanciones. En el futuro, la ejecución de las leyes sobre bienestar animal se puede convertir en una exigencia vital para tener abierta una explotación y, sobre todo, para poder comercializar esos productos.

Desde el pasado 1 de enero se está aplicando la nueva ley en las granjas de gallinas ponedoras que se hace en jaulas, lo que ha obligado a una modificación total de las mismas con un valor por ejemplar que se estima en casi 20 euros y que, en conjunto, puede suponer encarecer los costes de producción en más del 15%. A las gallinas hay que darles más espacio, aparte de otras mejoras en las instalaciones. Las granjas que no se adaptaron a las nuevas normas desde el 1 de enero, ahora no pueden vender los huevos en fresco y los deben destinar a la restauración marcados con un punto rojo o para su transformación industrial. Las que hayan solicitado un plazo para adaptarse hasta el próximo mes de julio, disponen de ese tiempo, pero en caso contrario, seguirán el mismo camino.

Los ganaderos de porcino, madres y lechones de engorde, están viendo lo que pasa con la avicultura de puesta, porque el sector debe cumplir igualmente más exigencias sobre bienestar animal para enero de 2013. El grupo ya calcula que el asunto va a suponer un aumento de los costes del 15%. Quien no lo haga, podría seguir igual sendero que el de los gallineros de huevos. La actual legislación sobre pollos parece que no tiene problemas para su aplicación en España, porque ya se cumplen las normas sobre espacio por animal o temperatura, aunque, en algunos casos, no sucede lo mismo con los suelos.

Las normas sobre bienestar animal tienen una parte de lectura positiva en lo que supone de respetar a los animales, que, aunque se críen para el sacrificio, tengan unas buenas condiciones de vida. Sin embargo, una segunda lectura es fundamentalmente económica.

La aplicación de las nuevas normas se va a traducir principalmente en un incremento de los costes de producción. Eso supone que van a existir más dificultades para competir con otros países productores fuera de la Unión Europea, donde no se piden esas condiciones. Los productores comunitarios tendrán más dificultad para exportar el 30% de su producción de porcino, como hacen en la actualidad, o el 20% de los huevos, y más riesgo de que, con las fronteras cada día más abiertas, aumentan las importaciones más baratas abocando al cierre a las granjas comunitarias.

Ante este futuro panorama, es indispensable que la Unión Europa exija a las producciones que se importen desde terceros países esos animales que hayan sido criados en unas condiciones similares a las que han tenido los ejemplares producidos en los países comunitarios. Es fundamental dar igualmente una información completa al consumidor sobre los tipos de carne que se comercializan en los mercados y para que sepa qué tipo de cría han tenido esos animales. Un paso más en la misma dirección, lo constituye la posibilidad de que las carnes que han sido obtenidas con animales donde se han cumplido las normas sobre bienestar animal dispongan de una etiqueta identificativa para diferenciarse del resto de las carnes.

Dentro de este proceso de cambios en la normativa sobre bienestar animal que trata de implantar Bruselas, se deduce que las actuaciones que se pongan en marcha se deben hacer desde la prudencia para evitar que acaben dinamitando la actual cabaña ganadera y se aumente la dependencia exterior de las que no cumplen las mismas reglas de juego.