Batasuna se halla desconcertada por la tibieza de la ‘tregua’ etarra

La falta de claridad y escasa contundencia del comunicado de la banda terrorista del pasado día 5 desorientan a la ‘izquierda abertzale’, cuyo futuro electoral continúa siendo muy negro

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Ni tregua trampa ni tregua farsa: los cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Policía, Guardia Civil y CNI consideran que el anuncio de alto el fuego de la banda terrorista es un paro técnico. Un paréntesis en su trayectoria terrorista, provocado solo y exclusivamente para que sus afines puedan incorporarse nuevamente a la vida política y, mientras se negocia con el Gobierno ese regreso, los asesinos aprovechen el tiempo para reorganizarse.

Esta vez el comunicado de ETA no ha convencido al Ejecutivo y a quienes trabajan para él. Conocen tan bien los movimientos de ETA, siguen tan de cerca sus pasos, cuentan con tan excelente información sobre sus interioridades, sus encuentros, su estrategia y sus afanes, que aparte de saber que preparaban un anuncio para el final del verano, sabían también los objetivos que buscaban con éste. Como saben que es posible que en breve plazo se haga público un nuevo documento de ETA en el que abra la puerta a un punto en el que han insistido los negociadores: que acepte un proceso de verificación de alto el fuego por parte de observadores internacionales.

Porque ha habido negociadores estos años. No del Gobierno español, pero sí de una Batasuna que nunca han renunciado a sus pretensiones de volver a cobrar sueldos como concejales o parlamentarios, y pedían a la banda un impasse en su actividad delictiva.

La ruptura entre EA y PNV, y el acercamiento de ETA a Batasuna -Pello Urízar, su nuevo líder, incluso les ofreció sus propias listas- provocó diálogos a varios niveles con la banda.

Dos mediadores internacionales, el irlandés Gerry Adams y el sudafricano Brian Currin, participaron de forma activa en las conversaciones entre el grupo terrorista y un sector abertzale; también se entrevistaron con dirigentes de EA que se sienten muy identificados con los radicales, aunque condenan el terrorismo, como Urízar o el ex parlamentario Rafael Larreina, y alguna fuente apunta a que también hubo algún encuentro de los intermediarios y de gente de Batasuna con el presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, aunque no representaba ni a Patxi López ni tampoco al Gobierno.

Y es que Rubalcaba ha logrado convencer al presidente Zapatero de que la forma más eficaz de lograr la demolición de ETA es la lucha policial y, de hecho, ha demostrado en los últimos años que en esa línea se ha trabajado de una forma tan eficaz que se ha dejado a ETA en la peor situación de toda su historia.

Los mediadores internacionales han transmitido nítidamente a la banda lo que interesaba al círculo abertzale: un comunicado claro y contundente de abandono de la actividad terrorista con aceptación de un control de verificación. Que el anuncio no lo haya sido ha supuesto una sorpresa para los dirigentes de Batasuna, desconcertados con su poca enjundia, a todas luces insuficiente para convencer al Gobierno de que abra la mano y dé paso a unas listas blancas. Así, existe decepción, intranquilidad y se abre camino la sombra de la escisión: hay dirigentes que desean que se acabe con el terrorismo para apostar por la vía política, y se plantean seriamente marcar distancias con la banda y condenar públicamente su violencia extrema. Son aún pocos, pero hay un sector de presos que les apoya.

Lo que preocupa ahora a la izquierda abertzale -que es como los simpatizantes de Batasuna prefieren ahora ser nombrados- es cómo sortear las leyes para presentarse a las próximas municipales.

El Fiscal General del Estado se encontraba fuera de España cuando se produjo el anuncio de ETA, pero transmitió a quien debía que va a poner todo su empeño en impedir que los amigos de los terroristas se sienten en los Ayuntamientos. Hace unos años se abrió la mano porque en aquel momento el Ejecutivo negociaba con ETA; no se atendieron excesivamente las apreciaciones de la Guardia Civil hasta que aportaron las pruebas incuestionables que vinculaban a algunos candidatos con la banda terrorista. Demasiado tarde, ya habían logrado su escaño o concejalía, y no pudieron perder sus derechos.

Ahora, gracias al acuerdo entre PSOE y PP, la Ley de Partidos da más plazo para investigar las biografías de los elegibles, que pueden quedar fuera si se demuestra que han formado parte del entramado de ETA.

De acuerdo con la nueva estrategia, en la Fiscalía se trabajará con el máximo empeño en bloquear cualquier posibilidad de que las listas estén trufadas por personas próximas a ETA o Batasuna. Son conscientes de que se encuentran con un problema añadido: EA, partido legal y democrático, parece decidida a prestar sus listas para que se cuele alguna persona sugerida por la formación ilegalizada. Será difícil impedirlo si sus biografías son blancas, pero al menor indicio de que ha habido engaño perderán escaño aunque lleven tiempo ocupándolo.

«ETA no renuncia a la lucha armada» advirtió una de las personas más activas en la guerra del día a día contra la banda terrorista, que conoce muy bien sus movimientos y estrategia porque lleva muchos años en esa pelea. Si se mantiene en esa actitud, el terrorismo, Batasuna y sus ad láteres tienen las alas políticas cortadas. Y el comunicado del día 5, que ni de lejos está redactado en los términos esperados, puede provocar la huida de dirigentes abertzales hacia aires de no violencia en los que puedan encontrar acomodo.