«Acordáos de nosotros»

Un cuarto de siglo después del atentado de Hipercor, donde hubo 21 muertos y 45 heridos, muchos denuncian su olvido. Los etarras avisaron de la bomba, pero la Policía no desalojó.

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«Durante años hemos estado muy abandonados por la sociedad y los políticos. Confío en que ahora nos ayuden». Así mostró ayer su rabia, visiblemente emocionada, Rosa María Peláez, una de las víctimas del atentado de ETA de Hipercor, del que hoy se cumplen su vigésimo quinto aniversario. Un potente explosivo en un centro comercial de la empresa del grupo El Corte Inglés ubicado en Barcelona causó la muerte de 21 personas e hirió a 45, de las que solo 13 fueron indemnizadas por el mal funcionamiento de las Fuerzas del Orden, que pudieron haber evitado este drama. Y es que la organización criminal explicó en un comunicado posterior que había avisado previamente de la colocación de la bomba y que la Policía no desalojó el local.

Para Rosa María, que participó en un homenaje organizado por el Parlamento catalán para todos los afectados por el terrorismo, se presenta una jornada llena de emociones como uno de los supervivientes a los 30 kilos de amonal y 100 litros de gasolina que se emplearon para lo que muchos expertos consideran el principio del fin de la banda asesina.

Y es que la tragedia causada por los miembros del Comando Barcelona, Josefa Ernaga, Domingo Troitiño -en busca y captura tras la chapuza judicial cometida con él hace en 2011- y Rafael Caride Simón depositaron el explosivo en el maletero de un Ford Sierra robado que aparcaron en el aparcamiento del hipermercado situado en la popular Avenida Meridiana.

Según quedó probado en el juicio, Troitiño realizó tres llamadas de aviso desde una cabina, dirigidas a la Guardia Urbana de Barcelona, a la Administración del propio establecimiento y al diario Avui. A pesar de ello, la dirección de Hipercor y la Policía no consideraron necesario el desalojo del local, y emprendieron la búsqueda del artefacto, aunque sin resultados. Al ser un viernes a primera hora de la tarde, el local se encontraba atestado de gente realizando sus compras.

A las 16,10 horas, actuó el temporizador que activaba los explosivos, ocasionando una enorme explosión que voló por los aires la primera planta del garaje, provocando un socavón de cinco metros de diámetro en el suelo del establecimiento por el que penetró una bola de fuego que abrasó a todas las personas que encontró a su paso. Además, los gases provocaron la asfixia de otros. La mayoría de los fallecidos eran mujeres.

Resulta dramáticamente coincidente que ese principio del fin, accidente para los asesinos, tuviera su continuación en el atentado de la T-4 de Barajas, donde perecieron dos personas hace ahora seis años tras desalojarse otro parking.