A la tercera…

Mariano Rajoy tiene todas las papeletas para ser presidente. Salvó la vida de milagro dos veces y se quedó sin el ‘Gordo’ de Navidad.

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Decía ayer el secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, que no se imagina al candidato del PP a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, tomando decisiones, sino «viendo el Tour o fumando un puro». Pues va a tener el maño que ir haciéndose a la idea, pues las encuestas de todos los medios auguran una mayoría absoluta de los populares dentro de dos meses y dos días, y los vientos siguen soplando a favor del compostelano al que, por cierto, también le gusta el tenis, ya que vio el partido de dobles entre España y Francia en Córdoba, donde perdimos. La suerte no es su fuerte.

Tampoco se trata de llamar gafe al que fuera el registrador de la propiedad más joven de España, con 24 marzos. Se preparó estas durísimas oposiciones en el último año de Derecho, sacándolas al siguiente, en 1979. Pero es que las celebraciones por poco se lo llevan por delante. Así, se quedó dormido al volante y su coche se precipitó por un terraplén en Palas de Rei (Lugo) al tomar una curva pronunciada en la N-547.

Ahí pudo haber acabado todo pero, gracias a que no perdió la consciencia, con la cara completamente cubierta de sangre, pudo escalar hasta la vía y pedir auxilio. Aún no se explica cómo paró un coche al verle de autostop con la faz irreconocible. Tuvo que hacerse una operación de cirugía estética y dejarse barba para tapar las cicatrices. Un día, en el verano del 96, se la afeitó, pero, como no se reconocía, recuperó el anterior look.

No fue éste el único accidente que ha tenido el dirigente conservador, pues el 1 de diciembre de 2005, en Móstoles, iba con Esperanza Aguirre, un cámara de televisión y el alcalde de esa ciudad en un helicóptero que, al poco de despegar, se estrelló. Desde entonces, quedan en la casa de alguno de los supervivientes para celebrarlo. «Para que luego digan que me llevo mal con Esperanza», comentó en tono jocoso en una entrevista. Y es que no es tan distante como aparenta, y goza de un gran sentido del humor, aunque en sus intervenciones en el Congreso no lo parezca.

Aparte de este odio visceral a los helicópteros, y que no le hagan mucha gracia los aviones, hay otro capítulo de su vida poco conocido. Justo después de dejar de ser vicepresidente de la Xunta de Galicia -en 1987 una moción de censura echó al PP-, e irse a vivir a Santa Pola (Alicante) para ejercer de registrador, tuvo que ir a Madrid a una conferencia de su ex jefe, Xerardo Fernández Albor. Era un jueves, y ese día siempre quedaba con sus compañeros para comer. Dio la casualidad de que se repartieron décimos de la Lotería de Navidad… Y éstos llevaban el Gordo, con 25 millones de pesetas, «una pasta». No le guardaron el número…

Un año antes de esta triste anécdota, el 5 de noviembre de 1986, es nombrado segundo del Gobierno de su región. Solo tenía 31 años, y había estado trabajando en Padrón (La Coruña) y en Villafranca del Bierzo (León), con el sueldazo que su profesión le daba -algo que explica su amor a la política, ya que ha perdido bastante dinero dejando el oficio-, con una vida cómoda, pero sin lujos, como le enseñaba su madre, Olga, cuya casa no tenía cortinas porque invertía en la educación de sus hijos, y viajando al Caribe con sus íntimos.

Y es que adora todo lo que suene a isla y mar, de ahí que tenga un piso, una cuarta parte en propiedad, desde hace siete años, en Gran Canaria, su «segunda tierra», donde vive su padre, de 90. Suele pasar allí las vacaciones de Semana Santa, y la huelga de controladores del Puente de la Inmaculada le dejó incomunicado. Por cierto, haciendo un chiste fácil, en 2008, tras perder su segundo duelo con Zapatero, muchos compañeros lo quisieron desterrar a la isla de Santa Elena, como a Napoleón.

Igual no es tan buen estratega como el general galo, pero sí que sabe lo que es la vida en el Ejército. La mili la hizo en Valencia, donde el sargento instructor le preguntó en qué trabajaba, y al decirlo, le mandó a limpiar letrinas durante todo el tiempo que estuvo allí.

Esa anécdota la cuenta en el libro de memorias que acaba de publicar, si bien tampoco da muchas pistas sobre su vida, lo que siempre ha dado lugar a todo tipo de especulaciones y de bulos crueles. Así, en la campaña electoral de 2004, la revista gay Zero le sacó en la portada, queriendo incidir en los rumores -con velados o no tan velados ataques de adversarios como Guerra o Blanco- que ponían en duda su heterosexualidad. En este punto, el periodista Graciano Palomo, que hace unos meses firmó una biografía suya, se muestra categórico: «Es un absoluto infundio. ¿Qué tiene que ver que se haya casado con 40? Esta calumnia la difundió un alto cargo de la Xunta al que él desplazó, y que ya ha muerto». Y es que ya se lo decía su padre en 1981, poco antes de que diera el salto, que la política era un camino tortuoso. Pero todo eso no le afectaba a este hombre tranquilo, que se define familiar y al que, como él mismo reconoce, el gran golpe que le dio la vida fue la muerte de su madre por leucemia. De hecho, colabora con la Fundación José Carreras.

Impertérrito siempre, el hombre que estaba hecho para gobernar, y que ayer anunció que reflotará el Ministerio de Agricultura, con pedigrí político -su abuelo Enrique fue uno de los redactores del Estatuto de Galicia- vio cómo su padrino, José María Aznar, le hizo un flaco favor llamándole la noche del viernes 30 de agosto de 2003 para decirle que era su sucesor, desplazando a Mayor Oreja -dicen que fue la primera opción, pero que éste lo rechazó porque no quería abandonar a sus compañeros en el País Vasco- y a Rato, que puso pies en polvorosa.

Ese dedazo ha perseguido a este fan de Los Beatles hasta hace poco, cuando se lo podía haber ahorrado con unas primarias. Y le acarreó más problemas, incluso con su ex jefe, que vio cómo iba quitando a su vieja guardia de enmedio (Zaplana le fue más fiel a Zapatero, que le premió), algo que hizo que se distanciaran y que hasta le criticara, culminando la transición en el famoso Congreso de Valencia de junio de 2008, donde la finiquitó, sobreviviendo Javier Arenas.

El de Olvera será, sin duda, el hombre fuerte del futuro Gobierno -por su experiencia y por su temple, que le permitió ser un buen ministro de Trabajo-, un Gabinete que tiene que ser a prueba de bombas -con mayoría absoluta-, ya que sufrirá un gran desgaste con los sindicatos -que no le pasarán ni una-, la oposición y los indignados. Sáez de Santamaría y Cospedal también tendrán un gran papel, pero son novatas. No como Gallardón…