Viajar a Grecia es un ‘chollo’

La convulsa situación que sacude al país mediterráneo desde hace unos años, unido al fuerte descenso de turistas, obliga a las autoridades helenas a hacer más asequibles los precios

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La isla griega de Skópelos, bañada por el mar Egeo, se lanza a la ofensiva en busca de turistas. Hoteles, empresas que ofrecen coches de alquiler, restaurantes, cafés e incluso tiendas de souvenirs y de alimentación rebajan sus precios hasta un 30 por ciento en las temporadas de primavera y otoño.

Con esta iniciativa, esta ínsula de unos 5.000 habitantes pretende olvidar las imágenes de disturbios y huelgas en la lejana Atenas. Pero las cifras actuales del Banco Central heleno ponen de manifiesto una dramática caída de los ingresos en el sector turístico. Y en especial de los visitantes alemanes, que son los viajeros que más visitan el país mediterráneo.

La idílica Skópelos no es una excepción. Debido a la falta de reservas, muchos hosteleros renunciaron al tradicional inicio de temporada que arrancaba con la Semana Santa, y algunos no han abierto sus puertas hasta este mes de mayo, según señala el director de la central griega de Turismo en Fráncfort, Panagiotis Skordas.

Y es que la sombra de la recesión financiera se cierne también sobre el principal motor económico del empobrecido país, que se ve en el filo del abismo.

Según cifras del Banco Central griego, los germanos se dejaron 10,3 millones de euros el pasado mes de febrero, mientras que durante el mismo período de 2011 el gasto ascendió a 26,7 millones.

En el conjunto del sector, los ingresos de los dos primeros meses del ejercicio cayeron casi un 45 por ciento frente a la misma franja de 2011. El número de visitantes bajó un 11 por ciento hasta los 618.400. Pero el problema no es solo que lleguen menos turistas, sino que se quedan menos tiempo y que, además, gastan cantidades inferiores.

Las causas de este comportamiento se sitúan sobre todo en el terreno emocional, afirma Anja Braun, del mayorista europeo de viajes Tui. «No tenemos ningún problema de producto sino de imagen», describe Mathias Brandes, del touroperador Thomas Cook.

Y es que la mayoría de ciudadanos helenos ha perdido en los últimos años un 25 por ciento de sus ingresos. Por eso, de cara a las elecciones, el país se ha convertido en caldo de cultivo para los extremistas, que ahora intentan ganarse a los electores.

Tal y como sucediera en Egipto y Túnez con la Primavera árabe, o con los cruceros tras la tragedia del Concordia, los precios caen en picado. Afortunadamente, la seguridad que ofrece España ha hecho que las perspectivas de este año sean muy grandes.