Uno de cada siete niños muere antes de cumplir los cinco años

El conflicto de diciembre causa más de un millón de desplazados y 400.000 refugiados en el país.

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Sudán del Sur, el país más joven del mundo, cumple este miércoles tres años como independiente con las heridas de la secesión aún abiertas y con un futuro interno incierto tanto en términos políticos como humanitarios, especialmente a raíz de las disputas interétnicas originadas en diciembre de 2013. El conflicto desatado en diciembre ha causado más de un millón de desplazlados y 400.000 refugiados y uno de cada siete niños muere antes de cumplir cinco años.

Los sursudaneses se pronunciaron mayoritariamente a favor de la independencia en enero de 2011 y el 9 de julio de ese año se consumó la secesión de las 10 provincias más al sur de Sudán. Desde 1993, cuando Eritrea se separó de Etiopía, no había surgido ningún país nuevo en África.

De esta forma, Sudán del Sur , de un tamaño similar al de la Península Ibérica, consumaba una independencia que tuvo su origen en el acuerdo de paz de 2005, gracias al cual Sudán puso fin a 22 años de un conflicto de guerrillas que dejó tras de sí al menos 1,5 millones de muertos.

Numerosas religiones

El nuevo país, al contrario de lo que ocurre en Sudán, de mayoría musulmana, se encuentra salpicado por numerosas religiones tradicionales y cuenta también con una minoría cristiana. Existe una gran diversidad de lenguas y etnias, lo que ha derivado desde la independencia en numerosos enfrentamientos con cientos de muertos.

Los choques más graves, sin embargo, se produjeron a partir de diciembre del año pasado, cuando el Gobierno de Salva Kiir, de etnia dinka, interceptó un supuesto intento de golpe de Estado orquestado por el exvicepresidente Riek Machar -de etnia nuer-.

El conflicto político se trasladó a las calles con miles de muertos y más de un millón de personas se vieron obligadas a convertirse en desplazados internos. Además, más de 400.000 sursudaneses han cruzado las fronteras para refugiarse en países vecinos, según datos de la ONU, que sitúa Etiopía con más llegadas -158.000-.

Kiir y Machar firmaron en mayo un acuerdo de alto el fuego seguido de reproches e incumplimientos en territorios como Alto Nilo y Unidad, lo que mantiene la situación en un frágil equilibrio. El equipo rebelde llegó a suspender en junio las conversaciones de paz con el Gobierno por un desacuerdo sobre los representantes.

Emergencia humanitaria

El Programa Mundial de Alimentos (PAM) ha alertado de la “catástrofe de hambre” a la que se encamina Sudán del Sur por el conflicto interno y las lluvias caídas en las últimas semanas. Naciones Unidas ha puesto en estos últimos meses el caso de la base de la organización en Bentiu, donde se agolpan 40.000 desplazados, como ejemplo de las crecientes necesidades de una población sin recursos.

La ONU calcula que 2,4 millones de personas se encuentran en una situación de inseguridad alimentaria y necesitan asistencia, al tiempo que unos 230.000 niños sufren cada año problemas de malnutrición. Uno de cada siete niños mueren antes de su quinto cumpleaños.

Acción Contra el Hambre (ACH) ha denunciado que 50.000 niños podrían morir por desnutrición en Sudán del Sur si no se aumenta la acción humanitaria.

En términos educativos, nueve de cada 10 niños no completan la educación primaria y un 84% de las mujeres no saben leer o escribir, mientras que en sanidad el panorama tampoco es mejor. Sólo un 40% tiene acceso a servicios médicos y un 32 por ciento no dispone de agua limpia.

La situación sobre el terreno se ha convertido en un foco de posibles enfermedades y, de hecho, el pasado 15 de mayo se declaró un brote de cólera en Yuba, la capital sursudanesa. La alerta se ha extendido ya a nueve de los 10 estados y los casos totales ya habían superado el pasado 2 de julio los 2.600.

Los donantes, reunidos el pasado 20 de mayo en Oslo, comprometieron un paquete total de ayuda de 600 millones de dólares para contribuir a la emergencia en el país africano. Las agencias internacionales, no obstante, siguen quejándose de falta de fondos y el plan de respuesta organizado por la ONU sigue teniendo carencias superiores a los 1.000 millones de dólares.

La independencia de hace tres años dejó en el territorio de Sudán del Sur el 75% de las reservas de petróleo correspondientes al antiguo Sudán unido, lo que ha generado algunas de las principales disputas entre los dos países. Sudán del Sur cuenta con la mayor parte del crudo pero carece de las infraestructuras necesarias para venderlo, por lo que depende del norte para exportar.

Las discrepancias por cómo debería quedar configurado el reparto de ingresos llevaron en enero de 2012 a Sudán del Sur a interrumpir la producción de crudo, si bien en marzo de 2013 ambas partes cerraron un principio de acuerdo que en mayo de ese mismo año se tradujo en la reanudación del bombeo.

Este acuerdo también incluía la creación de una zona desmilitarizada en la frontera común, foco de disputas por la supuesta colaboración que ambos gobiernos brindan a grupos rebeldes y por las incursiones que los dos ejércitos habrían realizado en territorio contrario.