Un previsible final de infarto

El dirigente galo pide dar «una sacudida nacional» para evitar «los experimientos locos» de su rival, que podría convertirse en el primer mandatario socialista desde 1995.

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Los franceses viven hoy una jornada de reflexión de cara a unas de las elecciones presidenciales más reñidas de los últimos años, en las que el candidato socialista, François Hollande, se ha situado en cabeza de intención de voto durante toda la campaña, pero su rival, el todavía dirigente Nicolas Sarkozy, ha recortado distancias en los últimos días, colocándose a apenas cinco puntos, según las últimas encuestas. Además, el voto indeciso puede reducir aún más la diferencia e, incluso, dar un giro inesperado a unos comicios que se antojan ajustados hasta el final.

Pese a todo, el aspirante de izquierdas se mostró durante el cierre de campaña optimista. Los sondeos le han dado por ganador desde el principio y su triunfo en la primera vuelta del 22 de abril le han dado razones para despertar del sueño y creer firmemente en sus opciones. «Puedo sentir cómo llega la victoria, puedo verla, está al alcance, es vuestra», aseguró durante su mitin del pasado jueves.

«Siento como nunca antes la movilización», apuntó el viernes, por su parte, Sarkozy, que habló de la decisión histórica a la que se enfrentará el país dentro de unas horas. Por ello, llamó a dar «una sacudida nacional» para evitar los «experimentos locos» de Hollande.

Sarkozy, cuyos esfuerzos se han centrado estos días en tratar de ganar votos del centro y la derecha para la segunda ronda, recibió un duro varapalo de parte del centrista François Bayrou, quien el jueves anunció que daba libertad a sus seguidores, pero que él personalmente votaría por Hollande.

Bayrou, que en la primera ronda consiguió en torno al 9 por ciento de los apoyos, justificó su apoyo al socialista ante la «violenta» línea defendida por Sarkozy en el área de inmigración para ganarse a los votantes de la extrema derecha del Frente Nacional.

Además, la campaña ha tenido un protagonismo invitado: España, a cuya crisis económica se ha referido en varias ocasiones el conservador para advertir a sus conciudanos de que, con Hollande, la república gala correría el mismo destino que el país vecino, gobernado durante siete años por socialistas.

Durante estos días, el todavía presidente se ha presentado como el candidato de una «Francia fuerte» que pretende conseguir recortando el gasto y los costes laborales y reduciendo la inmigración.

Del otro lado, el progresista se ha posicionado como el garante de la «justicia social», prometiendo invertir en la creación de empleos y la educación y anunciado aumentos de impuestos para los ricos.

Los últimos sondeos de opinión destacan que la diferencia entre ambos líderes se ha ido reduciendo. En todas las encuestas de los últimos días, Sarkozy ha ido recortando distancias de entre uno y dos puntos porcentuales.

En la segunda ronda de las elecciones francesas están convocados a votar unos 46 millones de personas, para elegir al presidente para los próximos cinco años. De ganar François Hollande, sería la primera vez en 17 años que gobierna un socialista desde el final del mandato de François Mitterrand.

‘Monarca por tiempo limitado’.- El presidente francés está considerado el jefe de Estado más poderoso de Europa. En ocasiones se le ha llegado a llamar monarca por tiempo limitado. Su poder está legitimado por la Constitución de 1958 de la V República que fundó Charles de Gaulle y en la elección por parte de la población. Elegido por un período de cinco años, es el jefe del Ejecutivo. Dirige las reuniones del Gabinete y decide sobre el día a día del Gobierno. Nombra además al primer ministro, puede disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas.

La política exterior y la de seguridad son áreas que normalmente lleva el propio presidente, quien además como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas decide sobre el uso de armas atómicas.

Jurídicamente, goza de inmunidad mientras está en el poder.