Un empate con sabor a derrota

El mandatario asegura que las encuestas, que le dan una desventaja de entre cinco y 10 puntos, «están mintiendo» y augura unos comicios «más abiertos» que nunca.

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«Un empate» que probablemente no cambiará el curso de las elecciones. Ése fue el veredicto dado por los analistas franceses tras el debate presidencial de casi tres horas de duración que enfrentó la noche del pasado miércoles al actual mandatario, Nicolas Sarkozy, y al socialista, François Hollande.

El candidato a la reelección necesitaba noquear a su adversario para neutralizar los entre cinco y 10 puntos de diferencia que el aspirante de izquierdas tiene sobre él en las encuestas de cara a la segunda vuelta de los comicios del domingo.

Pero el belicoso dirigente, que había adelantado a sus colaboradores que «pulverizaría» al menos experimentado y, supuestamente, «blando» rival, se encontró por sorpresa con un combativo adversario.

«Podemos hablar de tablas. Pero dado que Hollande empezó en posición de favorito, también podemos decir que sigue siendo el preferido», señaló ayer el editorialista del diario Le Monde, Françoise Fressoz.

El diario financiero Les Echos publicó un punto de vista similar. «Ninguno de los candidatos se encontró en dificultades, pero definitivamente tampoco sacó ventaja», de acuerdo con el periódico, que señaló un «empate, que, si se confirma, favorecería al favorito».

Más explícito fue Libération, que encabezó su primera página con un rotundo titular: Hollande preside el debate, mientras el conservador Le Figaro hizo hincapié en la dureza del discurso con un recordatorio a la Alta tensión.

Sarkozy acusó a Hollande, quien nunca ocupó un cargo ministerial, de no estar a la altura para conducir a la quinta mayor economía del mundo en tiempos de crisis. «Estamos en un mundo peligroso, complicado, donde tienes que ser capaz de tomar una decisión», indicó el dirigente. «Tu normalidad no es proporcional a los desafíos», espetó al socialista, en alusión a la promesa del líder de la izquierda de ser una antítesis «normal» a la impulsividad del conservador.

Cuando los ánimos se caldearon, el presidente dio muestras de su conocida vena irascible al llamar a su oponente «pequeño difamador» y acusándolo de «mentiroso».

El debate entre los candidatos representa siempre un punto álgido en la campaña presidencial gala. Unos 17,8 millones de personas -de un electorado de 44,5 millones- siguieron el cara a cara, que fue transmitido en vivo en siete cadenas de televisión. Eso sí, hasta ahora, ninguno de los cinco enfrentamientos realizados desde 1974 logró cambiar el curso de unos comicios.

A pesar de que pueda haber salido perdedor, Sarkozy no solo no se amilanó, sino que fue más allá y aseguró que los sondeos, que continúan dando como favorito a su adversario, «están mintiendo», al tiempo que insistió en que las elecciones «están más abiertas» después del debate.

El presidente aprovechó una entrevista de radio para hacer un llamamiento a los votantes indecisos, pero, sobre todo, a la quinta parte de los electores que apoyaron a la ultraderechista Marine Le Pen en la primera vuelta del pasado 22 de abril.

«Quiero dirigirme directamente a los seguidores del Frente Nacional. ¿Quién se beneficiará si emiten un voto en blanco?», preguntó el mandatario. «Esa situación favorecería a Hollande, la regularización de los inmigrantes indocumentados y los gastos excesivos», insistió.

El pasado martes, Le Pen se negó a respaldar tanto a Sarkozy como a Hollande, al asegurar que votará en blanco en la segunda ronda. A sus seguidores les pidió que tomen su propia decisión.

Además, ajena a los comicios de este domingo, expresó ayer su confianza en que los conservadores desilusionados se unan a su proyecto político en las elecciones legislativas que celebrará Francia el próximo mes de junio.