Un diluvio azota Río de Janeiro

El prolongado aguacero que cae desde el lunes sobre la capital brasileña deja un centenar de muertos, otros tantos heridos y 60 desaparecidos. Los barrios de favelas, los más afectados

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Al menos 110 muertos, 106 heridos, 60 desaparecidos y miles de damnificados es el tremendo balance que han dejado los numerosos deslizamientos de tierra registrados en Río de Janeiro y municipios vecinos como consecuencia de uno de los peores y más prolongados aguaceros que recuerda la ciudad.

La tormenta, que comenzó el lunes y dura ya más de 48 horas, dejó sumergidas grandes áreas de Río de Janeiro y su área metropolitana, en la que viven unos 12 millones de habitantes, pero fueron los derrumbes en las laderas de los cerros, habitados por gente humilde, los causantes de una catástrofe cuyo número de muertos puede todavía incrementarse, según las autoridades.

La tragedia se ensañó especialmente con la ciudad de Niteroi, vecina de Río, donde han sido confirmadas al menos 48 muertes por los aludes, y con la propia Río de Janeiro, donde el número de víctimas asciende a 35, según datos del cuerpo de bomberos y la Defensa Civil. En el municipio de Sao Gonzalo fueron contabilizados nueve fallecidos y otros tres se registraron en Petrópolis, Nilópolis y Paracambí, todas cercanas a Río.

«No son las inundaciones las que han causado víctimas mortales, son los deslizamientos de tierra», sostuvo en una rueda de prensa el alcalde de Río, Eduardo Paes, al hacer un balance del desastre en su jurisdicción, en la que también hay cuatro desaparecidos, 56 heridos y 1.420 damnificados.

La mayoría de las muertes registradas en las últimas horas en la ciudad de Río de Janeiro fue como consecuencia de derrumbes en los barrios de Andaraí y Jacarepaguá, así como en favelas que ocupan los morros Dos Prazeres, Borel, Dos Macacos y Turano.

Paes, que ante el caos reinante en la ciudad pidió a la población que evite al máximo salir de casa, subrayó la necesidad de que las cerca de 45.000 personas que viven en las favelas que coronan los cerros cariocas, consideradas «zonas de riesgo», abandonen sus viviendas y busquen refugio en albergues públicos. «Llamo la atención sobre el riesgo que corren quienes viven en las faldas de los cerros. La posibilidad de deslizamientos en las laderas es muy grande porque la lluvia volvió de manera intensa en la tarde de hoy», manifestó el alcalde de la ciudad que será sede de los Juegos Olímpicos de 2016.

La necesidad de que las personas salgan de las áreas sujetas a deslizamientos también fue subrayada por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien estaba en Río de Janeiro para atender compromisos oficiales, la mayoría de los cuales tuvo que cancelar ante el caos en el que quedó sumida la urbe. «Tenemos que esperar que la lluvia pase para recomponer la ciudad, para intentar retirar a las personas de las áreas de riesgo, para construir las viviendas que faltan», afirmó Lula.

El presidente señaló que ante la magnitud del desastre «lo único que se puede hacer en este momento es pedirle a Dios que pare un poco la tempestad para que se recupere la normalidad».

Según el Instituto Nacional de Meteorología de Río de Janeiro, en dos días ha caído en Río de Janeiro más del doble de la lluvia esperada para todo el mes de abril.

La tragedia se produce solo tres meses después de que 52 personas murieran sepultadas por avalanchas de tierra que siguieron a un torrencial aguacero el día de Año Nuevo en el balneario de Angra dos Reis, también en el estado de Río de Janeiro. En esa ocasión, el gobernador del territorio, Sergio Cabral, afirmó que las colinas que forman parte del deslumbrante paisaje natural de la región no pueden ser urbanizadas «de manera irresponsable», y hoy anotó: «Nada justifica esa incapacidad del poder público de impedir construcciones en áreas de riesgo».

Mientras las soluciones no llegan, los socorristas siguen revolviendo toneladas de tierra y lodo en busca de los cuatro desaparecidos y miles de personas se resignan a pasar la noche a oscuras debido a que las inundaciones interrumpieron el servicio de energía en varios barrios cariocas.