Una de las avenidas afectada por el terremoto en Balaroa, Palu.
Una de las avenidas afectada por el terremoto en Balaroa, Palu. / EFE
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Los trabajadores sanitarios en Indonesia se están esforzando por atender a los decenas de miles de desplazados por el terremoto y el posterior tsunami del pasado 28 de septiembre, ante la falta de cobijo y agua potable, lo que hace temer que pueda producirse el brote de enfermedades.

El balance oficial de muertos del terremoto de 7,5 de magnitud y el tsunami que golpearon la isla de Célebes se eleva ya a 2.010 mientras que otras 10.000 personas resultaron heridas. Unas 70.000 personas se vieron desplazadas y muchas están viviendo en campamentos improvisados con restos de madera y plástico en Palu, la localidad más golpeada, y sus alrededores.

“Francamente, no tenemos la capacidad para organizar y centrar nuestros esfuerzos ahora mismo”, reconoció la doctora Jumriani, jefa de los servicios de salud del departamento de Sanidad provincial, en una tienda de campaña instalada frente a lo era su oficina, que resultó dañada.

“Los campamentos de evacuados están dispersos por todas partes y también nuestros voluntarios”, añadió. Las pizarras blancas instaladas en su tienda están llenas de cifras de varios casos médicos en distintas zonas.

“Inicialmente, estamos tratando principalmente heridas. Ahora nuestra principal preocupación es la diarrea, la gripe, las enfermedades de la piel, principalmente por la falta de agua potable y la exposición”, explicó la responsable.

El plan para trasladar a los desplazados a comunidades más organizadas está siendo redactado y la agencia de gestión de desastres está buscando 10.000 tiendas de campaña. Por ahora, los desplazados están instalados bajo lonas junto a las carreteras, la mayoría sin letrinas adecuadas, en medio de montones de basura. Cuando hay una letrina disponible, decenas de personas dependen de ella.

“Ahora estamos recibiendo suficientes suministros, hay comida y agua, pero muchos niños han comenzado a enfermar con diarrea y gripe”, explicaba Megawati, de 31 años, mientras acuna a su hijo.

Dado que en noviembre comienza la temporada de lluvias, es esencial mejorar las condiciones lo más rápido posible, subraya Samuel Carpenter, asesor humanitario del Departamento para el Desarrollo Internacional (DFID) del Gobierno británico. “La preocupación inmediata es el refugio y las enfermedades que se transmiten por el agua”, incidió. “Necesitamos estar preparados para brotes”, añadió.

Sistema de agua

El terremoto destruyó buena parte del sistema de aguas de Palu y harán falta meses para repararlo, señala el funcionario municipal TM Nazar. Actualmente, buena parte de la ciudad depende de camiones cisterna para abastecerse. “El saneamiento sigue siendo una preocupación importante”, reconoció.

Un médico voluntario, uno de los muchos que han llegado de toda Indonesia para ayudar, estima que hasta el 40% de los desplazados padece diarrea, la mayoría de ellos niños menores de seis años.

Según cuenta este médico, Fauzan Abdul Hadi, se está enviando medicamentos y material desde las oficinas provinciales y se están estableciendo puestos médicos, pero los servicios son caóticos. “En estos momentos, estamos gestionando las cosas caso por caso. No he oído nada del Gobierno aún sobre una ayuda médica sistemática”, señaló.

Un barco hospital de la Marina con más de 30 médicos y cinco quirófanos atracaron en Palu y ofrecieron servicios vitales, especialmente para los heridos rescatados de debajo de los escombros. Muchos llegaron con heridas infectadas, afirma Heru Setianto, anestesista a bordo del ‘KRI Dr. Soeharso’.

“Muchos pacientes no fueron encontrados rápido así que las infecciones son tan malas que tuvieron que ser operados inmediatamente”, precisó el médico.