Conferencia de prensa republicana
El senador republicano de Texas John Cornyn habla durante una conferencia de prensa posterior a un almuerzo. / EFE
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El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha avalado el decreto del presidente del país, Donald Trump, que limita las llegadas de personas procedentes de países de mayoría musulmana, en una de las mayores victorias judiciales logradas por la actual Administración federal.

Por cinco votos a cuatro (la mayoría conservadora ha inclinado la balanza), los magistrados del Supremo zanjó la batalla judicial que se venía librando desde el año pasado contra el veto migratorio aprobado por Trump, cuya última versión fue conocida en septiembre de 2017.
Los jueces alegan que los demandantes no pudieron demostrar que la prohibición viola las leyes migratorias de Estados Unidos o la Primera Enmienda de la Constitución, que prohíbe al Gobierno federal favorecer a una religión por encima de otras, informan los medios norteamericanos.

La sentencia, por tanto, permite que el veto siga en vigor y abre la puerta a que Trump pueda incorporar a más países. El presidente siempre ha defendido la necesidad de esta tipo de medidas para garantizar la seguridad nacional y combatir el terrorismo, en contra del criterio de las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos.

La última orden ejecutiva promulgada por Trump contemplaba límites para las entradas de personas procedentes de Irán, Libia, Siria, Somalia y Yemen. También afecta a Corea del Norte y a personas vinculadas a instituciones de Venezuela, aunque estas dos vertientes no fueron impugnadas.

El presidente del Supremo, John Roberts, ha firmado la opinión de la mayoría de los magistrados y ha apuntado que Trump puede suspender de forma discrecional la entrada de extranjeros en Estados Unidos. “El presidente ejercitó legalmente esta discrecionalidad de acuerdo a las conclusiones (…) de que la entrada de estos extranjeros iría en detrimento del interés nacional”, escribió.
El propio mandatario se apresuró a celebrar en Twitter la decisión del Alto Tribunal “el Tribunal Supremo mantiene el veto a los viajes de Trump. ¡Wow!” y ya de forma más reposada declaró, a través de un comunicado oficial, que el fallo es “una gran victoria para el pueblo estadounidense y la Constitución”.

“El Tribunal Supremo ha mantenido la clara autoridad del presidente para defender la seguridad nacional de Estados Unidos. En esta éra de terrorismo y movimientos extremistas globales que intentan causar daños a civiles inocentes, debemos vigilar de forma adecuada a quienes vienen a nuestro país”, agregó.

Para Trump, la sentencia también responde a los “comentarios histéricos” vertidos durante meses “por los medios y los políticos demócratas”, que “se niegan a hacer lo que hace falta para asegurar la frontera”. Por este motivo, y “mientras sea presidente”, se ha comprometido a garantizar la seguridad de Estados Unidos y lograr un sistema migratorio acorde con el “interés nacional”.

Pesisismo

La satisfacción de Trump contrasta con el pesimismo de organizaciones como Amnistía Internacional, que ha hablado incluso de “catástrofe”. Un portavoz de Amnistía en Estados Unidos, Ryan Mace, advertió de que el veto no solo afecta a quienes quieren llegar al país norteamericano para trabajar o estudiar, sino también a quienes huyen de la violencia.

“Algunas de las personas afectadas por esta política están huyendo de conflictos en los que Estados Unidos tiene una responsabilidad directa por crearlos o perpetuarlos, como es el caso de Yemen o Siria. En esos casos es como prender fuego a una casa y cerrar la puerta de salida”, ha lamentado Mace, en un comunicado en el que también criticado el “sentimiento antimusulmán” que subyace tras el veto migratorio.

La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) instó a los legisladores a “desmantelar” el decreto de Trump para no ser cómplices de la violación “de los principios más básicos de libertad e igualdad”. En este sentido, ha comparado la última sentencia con otra dictada por el Supremo en 1944 y que autorizó al Gobierno a encarcelar a ciudadanos japoneses solo por su origen, en “uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de EE.UU”.