Rabat no descarta a Al Qaeda como autor del atentado de Marrakech

El explosivo se accionó por control remoto, lo que anula la hipótesis de un ataque suicida

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El Gobierno marroquí mantiene abiertas «todas las líneas de investigación» sobre el atentado de Marrakech, «incluida la de Al Qaeda», aunque por el momento prefirió no responsabilizar a ningún grupo terrorista del ataque contra la cafetería Argana ocurrido el pasado jueves en plena medina de la ciudad y en el que murieron 15 personas y resultaron heridas de diferente consideración a otras 20.

El ministro del Interior alauita, Taieb Cherqaoui, anunció que la investigación preliminar del golpe sangriento reveló que la bomba fue accionada por control remoto y, por tanto, no se trató de un atentado suicida, como se pensaba según las declaraciones de algunos testigos que apuntaban a un kamikaze que habría entrado en la cocina del establecimiento o de un joven que dejó una mochila dentro del local. «No se trata de un suicida (…) y parece que el artefacto explosivo fue accionado a distancia. La investigación sigue en curso», señaló. Según el político, el explosivo estaba fabricado con nitrato de amonio y explosivos TATP y se le había añadido clavos para que actuaran como metralla. Cherqaoui, que subrayó que «es de sobra conocido quién emplea esta modus operandi», instó a los marroquíes a mantenerse vigilantes, a cerrar filas y a privilegiar los intereses supremos del Estado.

La versión oficial acerca de las víctimas mortales incluye a dos marroquíes, dos franceses, dos canadienses y un holandés, que fueron identificados ayer, según informó el Ministerio del Interior.

A través de un comunicado, el departamento gubernamental, que rectificó la cifra total de perecidos y aseguró que los fallecidos son 15 y no 16 como se había dicho en las últimas informaciones. Asimismo, apuntó que la Policía científica continúa el trabajo de reconocimiento de los cadáveres, además de contar con la colaboración de expertos españoles.

También se especula sobre la nacionalidad de dos de los fallecidos, una mujer israelí embarazada en sus últimos meses de gestación y su marido judío, que se encontraban de visita. Algunos medios locales hebreos los identificaron como Michal Weizmann Zikri y Masud Zikri, una pareja que residía en China y que estaban de viaje por Marruecos para visitar al padre de ella al estar embarazada de su segundo hijo.

Además, la primera fuente gubernamental extranjera en posicionarse fue el ministro del Interior francés, Claude Guéant, que anunció que al menos hay seis muertos y siete heridos de nacionalidad gala. «En este momento, los datos de los que disponemos indican, y lo digo con reservas, que habría seis franceses fallecidos y ocho afectados más», declaró.

El secretario general de la cartera de Sanidad, Rahal Makaui, aseveró en el transcurso de una visita al hospital Ibn Tufail de Marrakech, donde fueron ingresadas parte de las víctimas, que ocho ciudadanos franceses, dos marroquíes y una ciudadana holandesa están siendo atendidos de sus lesiones. Makaui agregó que evolucionan favorablemente y que el resto de afectados se encuentra en el Hospital Militar de esta ciudad y en clínicas privadas. Además, los médicos han hallado «objetos metálicos extraños» en los cuerpos de tres de los lisiados, según informó el director del servicio de urgencias, Hisham Najmi, quien explicó que hay cinco miembros de una misma familia francesa, dos menores, y que todos ellos están fuera de peligro, salvo el padre del citado grupo, cuya situación es muy grave.

Un cocinero y uno de los camareros del café-restaurante Argana, escenario del atentado, relataron que la explosión fue «terrible» e hizo temblar el edificio del local. Abdelkader Lachab, de 23 años, que visitó ayer a un compañero suyo que se halla ingresado en el hospital, confesó que, tras el estruendo, vio restos humanos todavía en llamas cuando salió a la terraza. «El trabajo por la mañana había sido normal. Estábamos preparando las comidas, escuchamos una explosión muy fuerte, y entró una corriente de aire durante 10 segundos», dijo. «Pensamos que era una bombona de gas. Me entró pánico y escapé hacia la planta de arriba, y allí en la terraza me encontré con restos humanos en llamas, y cuatro personas que aún se movían», narró.

El camarero Mulay Driss, de 28 años, explicó que un amigo del trabajo llamado Yasin murió en la explosión, y que él aún tiene problemas de audición tras el atentado. Un taxista, que se hallaba estacionado a unos metros del Argana en el momento del estallido y que prefirió guardar el anonimato, señaló que en un primer momento creyó que eran las ruedas de su coche, que sintió «mucho miedo» y que el estruendo fue «gigantesco».