Putin recula y no descarta apoyar una intervención militar en Siria

Obama, que sigue buscando el aval del Congreso y de la comunidad internacional, asegura que su credibilidad «no está en juego» y que fue «el mundo» quien marcó la ‘línea roja’.

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A punto de verse cara a cara hoy en la cumbre del G-20 de San Petersburgo, Barack Obama y Vladimir Putin suavizaron ayer el tono de sus declaraciones sobre la guerra civil de Siria y se mostraron dispuestos a dialogar e, incluso, el segundo dio muestras de ceder en su posición sobre la posible intervención militar que podría llevar a cabo Estados Unidos sobre la nación árabe en respuesta a los ataques con armas químicas del pasado 21 de agosto que, según la Casa Blanca, fueron cometidos por el régimen de Damasco.

En este sentido, el presidente ruso aseguró, por primera vez, que si se demuestra que el Gobierno de Bachar al Asad lanzó un ataque con gas tóxico contra la población, Moscú respaldará una acción castrense, siempre en el marco de Naciones Unidas. «Si hay pruebas objetivas de quién ha cometido ese crimen, reaccionaremos», aseguró. Pero estos fundamentos deben ser «convincentes y no basarse en rumores o informaciones que los servicios secretos hayan espiado o de conversaciones o cosas similares», agregó.

«Incluso en Estados Unidos, algunos expertos creen que los indicios presentados por la administración Obama no son lo suficientemente contundentes», indicó.

Así, matizó que un ataque contra un Estado soberano solo puede ser decidido por el Consejo de Seguridad de la ONU. «Utilizar cualquier otro medio para justificar el uso de la fuerza es inaceptable y no puede ser calificado de otra forma que de agresión», indicó el mandatario.

Eso sí, a falta de detalles acerca de los bombardeos sobre Damasco, insistió en que es un «disparate» que los ataques fueran obra del Ejército y agregó que «es más lógico» que los autores sean «quienes están de retirada».

Mientras, en Estados Unidos prosigue el debate en el Congreso para avalar el plan de Obama de intervenir en Siria. Un apoyo que se complica con el paso de los días, debido al rechazo de grupos activistas norteamericanos e, incluso, parlamentarios del propio partido del presidente. De hecho, una encuesta del Centro de Investigación Pew reveló que el 48 por ciento de los ciudadanos se opone a realiza ataques aéreos sobre el país árabe y solo un 29 por ciento está a favor de la acción militar.

Con estas condiciones, el inquilino de la Casa Blanca continúa haciendo campaña para conseguir respaldo a su proyecto, no solo en la Cámara de Representantes, sino también entre los diferentes líderes internacionales. Así, afirmó que el mundo tiene la responsabilidad de actuar y desechó que este conflicto pueda dañar su imagen.

«Mi credibilidad no está en juego. Es la de la comunidad internacional la que lo está», señaló. «Yo no fijé la línea roja, lo hizo el mundo», agregó, recordando cómo hace años la ONU y la OTAN desterraron el uso de armas químicas.

«Creemos con una elevada certeza que se usó armamento prohibido y que Al Asad fue la fuente», remarcó, al tiempo que se mostró convencido de que su plan de intervención recibirá el respaldo del Congreso. Mientras, el único aliado confeso de EEUU, Francia, avisó de que no atacar Damasco podría alentar a Teherán y Pyongyang a continuar con sus programas nucleares.

«No actuar pondría en peligro la paz y la seguridad en toda la región», subrayó el primer ministro galo, Jean-Marc Ayrault. «¿Qué mensaje enviaría esto a otros regímenes como Irán y Corea del Norte? Está claro: pueden seguir», agregó el dirigente.

«No reaccionar permitirá a Al Asad proseguir con sus atrocidades, aumentar la proliferación de armas de destrucción masiva y dejar caer Siria y la zona en el caos», aseveró el premier.

Poca vida más allá del conflicto.- Los principales líderes del mundo se reúnen hoy y mañana en San Petersburgo en una nueva cumbre del G-20. La agenda oficial, centrada en temas económicos como desempleo, crecimiento, regulación de mercados financieros o evasión, quedará en parte eclipsada por asuntos de urgencia política como las crisis en Siria o Egipto.

Obama llega a la cita con su plan de lanzar una misión militar contra el régimen de Damasco, un tema que no figura en la agenda oficial, pero que, sin duda, centrará buena parte de los encuentros.

Mientras, las protestas en El Cairo también ocuparán las discusiones entre los mandatarios, que esperan que el Ejército entregue pronto el poder y reclaman una transición pacífica que implique a los Hermanos Musulmanes.

En el campo económico, la cumbre prevé aprobar un plan de acción con el objetivo de impulsar un crecimiento duradero de las finanzas mundiales para crear empleo. Además, el grupo quiere acordar también formas de luchar mejor contra la evasión impositiva y los paraísos fiscales.