Obama quiere que Europa también tire del carro para salir de la crisis

Coordinación. El presidente de EEUU argumenta que su país «no puede ser el único motor» en la lucha contra la recesión

El nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es consciente de la responsabilidad de su país en el origen de la crisis financiera internacional, pero también tiene claro que las medidas de choque contra la recesión son asunto de todos, Europa incluida. Después de que la UE rechazara incrementar las partidas de dinero público destinadas a tal fin, el político demócrata insistió ayer en Londres, en vísperas de la reunión del G-20 que tiene lugar hoy, en que «solo podremos resolver esta situación juntos», al tiempo que restaba importancia a las diferencias entre los participantes en el encuentro, del que debería salir un acuerdo firme para reformar las finanzas mundiales.

EEUU, subrayó Obama en una rueda de prensa junto al primer ministro británico, Gordon Brown, «no puede ser el único motor» de crecimiento de la economía planetaria, sino que el resto de naciones deben seguir su ritmo. «Tenemos la responsabilidad de coordinar nuestras acciones», destacó el mandatario, que también aseguró que los países miembros del G-20 deben acudir a la cumbre con «un sentido de urgencia» para resolver la crisis y no se pueden permitir «medidas a medias».

El principal punto de desencuentro estriba en que EEUU y Rerino Unido son más partidarios de planes para estimular la economía, mientras que otros países, Francia, Alemania y Brasil entre ellos, quieren poner el énfasis en la regulación del sistema financiero. Tanto el presidente galo, Nicolas Sarkozy, como la canciller germana, Angela Merkel, insistieron ayer en que la creación de una «nueva arquitectura» en este campo es uno de los objetivos no negociables de la cumbre.

En una rueda de prensa conjunta, ambos gobernantes afirmaron que hablarán en la cumbre con una sola voz, y señalaron las que consideran «líneas rojas» de la reunión, entre las que figura su exigencia de que se publique una lista de paraísos fiscales.

Obama, por su parte, sostuvo en alusión a esta polémica que «las cumbres no son visualmente interesantes. Los comunicados están redactados en un lenguaje árido. Por lo tanto, hay un gran deseo de inyectarle algo de drama», tras indicar que está convencido «de que hay un enorme consenso acerca de la necesidad de actuar al unísono para resolver los problemas». Asimismo, lanzó un llamamiento contra el proteccionismo, al asegurar que «cuando los países dejan de cooperar, y se vuelven hacia sí mismos, los problemas solo crecen».

Por su parte, Brown admitió que las negociaciones para alcanzar un acuerdo en la cumbre del G-20 «no serán fáciles», pero los líderes tomarán decisiones. Los problemas globales, destacó, requieren «soluciones globales». «No nos podemos permitir una cumbre de mínimo denominador común», explicó el primer ministro.

Previamente, el presidente galo, Nicolas Sarkozy, había amenazado con abandonar la reunión si no se adoptaban medidas concretas. Brown bromeó diciendo que, en la cena prevista para la noche de ayer, «cuando lleguen los postres Nicolas estará todavía sentado».

El dirigente británico detalló que entre los asuntos que deben abordarse están el de lograr una mayor supervisión del sistema bancario, medidas para restablecer el crecimiento, reforzar las instituciones financieras internacionales, rechazar el proteccionismo, ayudas adicionales a los países pobres y el respaldo a economías con baja emisión de carbono.

La de ayer fue la segunda cita de los dos mandatarios en menos de un mes, pues ambos ya se habían visto en Washington en un encuentro en el que la prensa británica interpretó que Obama había tratado con desdén al premier. En la rueda de prensa, el inquilino de la Casa Blanca tuvo buen cuidado en evitar esos errores y salpicó sus declaraciones de menciones a «Gordon» y expresiones de agradecimiento a la labor del premier y la «relación especial» entre los dos Estados

FuenteEFE 
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