Obama habla al bolsillo de EEUU

El presidente centra su primer discurso sobre el Estado de la Unión en la salida de la crisis y la creación de empleo, mientras pasa de puntillas por la reforma sanitaria y la política exterior

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, combinó ayer una retórica populista y un mensaje eminentemente económico en su discurso sobre el Estado de la Unión, con el que buscó recuperar la iniciativa política y devolver la ilusión al electorado, inquieto por la crisis y las guerras interminables en Iraq y Afganistán.

Al comenzar su segundo año de mandato, Obama ha optado por escuchar el viejo consejo de su último predecesor demócrata, Bill Clinton: «Es la economía, estúpido», una alusión a que un político siempre debe primar lo que afecta al bolsillo de los votantes.

Con unas elecciones legislativas a 10 meses vista en las que los demócratas se temen lo peor y con una popularidad capitidisminuida, el presidente debía demostrar que tenía un plan contra los problemas económicos y contra una oposición republicana en racha.

Que no se le vea manos a la obra contra el desempleo -del 10 por ciento en EEUU- equivale al suicidio político, como demostró la dolorosa derrota demócrata en Massachusetts la semana pasada, en la que su partido perdió la mayoría absoluta en el Senado.

Así, de los aproximadamente 70 minutos que duró su discurso ante las dos Cámaras del Congreso -el más importante del año político- dos terceras partes los dedicó a la economía y a presentar propuestas que, a su juicio, fomentarán directa o indirectamente la creación de puestos de trabajo. Entre las medidas que anunció figura destinar 30.000 millones de dólares del plan de rescate financiero para que bancos locales concedan créditos a las empresas, lo que permitirá a éstas contratar a más personal.

El mandatario estadounidense prometió también doblar el comercio exterior en cinco años, lo que permitirá crear, según sus cálculos, dos millones de empleos. En este sentido, llamó a intensificar la relación con Colombia, Panamá y Corea del Sur, países con los que EEUU tiene pendientes de ratificación tratados de libre comercio.

También anunció una congelación parcial del gasto público, que busca ahorrar 250.000 millones de dólares en 10 años.

Fuera del área económica, Obama apenas planteó ideas relevantes. Quizás lo más notable fue su llamamiento a repeler la ley Yo no pregunto y tú no me cuentas (Don’t ask, don’t tell), que impide que los homosexuales declarados puedan servir en las Fuerzas Armadas.

Pero incluso ese llamamiento tenía como objeto reconciliarse con sus bases. La comunidad gay estadounidense, que le apoyó masivamente en las elecciones de 2008, le reclamaba gestos de apoyo.

La reforma migratoria se mencionó apenas de pasada: «Deberíamos continuar el trabajo de arreglar nuestro fallido sistema migratorio, de garantizar la seguridad en la frontera, hacer cumplir nuestras leyes y asegurarnos de que cada persona que cumple las reglas puede contribuir», sostuvo Obama, quien no pidió al Congreso directamente que apruebe una medida en este sentido.

Más atención dedicó a la reforma del sistema sanitario, la gran prioridad legislativa de su primer año de mandato y cuyo futuro es incierto después de que los demócratas perdieran la semana pasada la mayoría absoluta en la Cámara Alta al arrebatarles los republicanos la plaza de senador que había quedado vacante tras la muerte de Edward Kennedy.

En una referencia a los estadounidenses que carecen de cobertura médica o se encuentran en peligro de perderla, el dirigente subrayó: «No abandonaré a esos ciudadanos y tampoco deberían hacerlo los presentes en esta cámara legislativa».

En un discurso donde la economía jugó un papel hegemónico, la política exterior desempeñó necesariamente un rol secundario, hasta el punto de que temas calientes como Guantánamo u Oriente Próximo ni se mencionaron.

Obama sí aludió a los programas nucleares de Corea del Norte e Irán, y advirtió a este último de «consecuencias crecientes». También aseguró que la guerra en Iraq «toca a su fin».

Sin embargo, poderoso caballero es Don Dinero y ayer el mandatario hablaba para el bolsillo de los estadounidenses.

Parece exactamente lo que los votantes querían oír, habida cuenta que una encuesta instantánea de la cadena CBS indica que el 83 por ciento de los telespectadores que siguieron el discurso aprobó las propuestas presidenciales.