Muere un joven durante los saqueos en la ciudad argentina de Córdoba

La crisis de seguridad se vio agravada por el conflicto político entre el gobernador de la región y el Ejecutivo de Cristina Fernández, que tardó en enviar efectivos de refuerzo.

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En apenas 24 horas que duró la huelga de la Policía de la ciudad argentina de Córdoba, que exigía una mejora salarial y se acuarteló en su sede central, la localidad se convirtió ayer en un campo de batalla, en el que grupos de asaltantes protagonizaron una oleada de saqueos y violentos actos que terminaron con un joven fallecido y al menos 200 heridos.

Al parecer, la víctima era ajena a los incidentes y recibió un disparo en el tórax en circunstancias que, por el momento, no han sido esclarecidas.

Además, los hospitales se vieron saturados, con más de dos centenares de personas que acudieron a los centros por alguna lesión derivada de los disturbios -110 de ellos con heridas por arma de fuego-, mientras que las Fuerzas de Seguridad detuvieron a 52 individuos por los altercados.

El parón de los cerca de 8.000 agentes, que comenzó el martes por la noche, llegó a su fin a media tarde de ayer, después de que los negociadores acordaran un aumento en sus sueldos. De manera inmediata, anunciaron su vuelta al trabajo para salir «a perseguir a todos los delincuentes y saqueadores» que asolaron la segunda localidad más importante del país, con 1,3 millones de habitantes, ante la ausencia de efectivos.

Por ello, bandas de personas aprovecharon esta situación de desprotección para saquear, primero algunos supermercados y, ya entrada la noche, todo tipo de comercios e, incluso, viviendas. En muchos barrios, los vecinos se organizaron para repeler los robos, en medio de escenas de pánico.

«No fue un estallido social, operaron grupos de delincuentes organizados que aprovecharon la ausencia policial», aseguró el alcalde de la ciudad, Ramón Mestre.

El gobernador de Córdoba, el peronista disidente Juan Manuel de la Sota, regresó de Panamá, donde se encontraba de viaje oficial, a primera hora de la mañana y solicitó ayuda «urgente» al Gobierno de Cristina Fernández, que envió cerca de 2.000 efectivos de Gendarmería a la zona, aunque bien entrado el día. Esta tardanza fue duramente criticada desde el Gabinete regional, mientras que en la Casa Rosada censuraron que el dirigente autonómico «esperó hasta último momento para pedir ayuda a la nación».

Cruce de acusaciones

De hecho, la crisis vivida se debe, principalmente, a una disputa política entre De la Sota y el Ejecutivo de Buenos Aires.

«Espero que en las próximas horas reine la tranquilidad que merecemos. Los cordobeses no merecemos que nos discriminen, que nos maltraten, que nos ninguneen», declaró el gobernador tras recuperar la normalidad.

«Hay algunos que no nos consideran parte de la República Argentina», denunció ante la tardanza del envío de fuerzas federales de seguridad, a pesar de que los disturbios en la zona se habían recrudecido durante toda la jornada anterior.

«Intentamos por todos los medios, hemos llamado a todos los miembros del Gabinete para tratar de obtener una respuesta que no hemos tenido», aseveró el gobernador.

«Todo esto se hubiera evitado teniendo a la Gendarmería a 50 kilómetros como la tenemos en la base de la localidad cordobesa de Jesús María, si nos hubieran atendido anoche. Buena parte de lo que ocurrió se hubiera evitado o minimizado», afirmó De la Sota.

Por su parte, y ante estas críticas, el jefe del Gabinete de Cristina Fernández, Jorge Capitanich, consideró que la huelga de los agentes era un conflicto «excluyente y exclusivo» de la provincia de Córdoba. «Es muy fácil eludir los compromisos y responsabilidades y transmitírselos a otros», señaló.

Mientras, el secretario de Seguridad nacional, Sergio Berni, anunció el envío de 2.000 gendarmes (Policía de frontera), que luego suspendió tras el acuerdo con los agentes en Córdoba. Eso sí, también aprovechó para calificar de «payasada» el hecho de pedir auxilio por Twitter, ya que De la Sota utilizó esa red social para reclamar la ayuda gubernamental.