Muere un disidente cubano preso tras 85 días en huelga de hambre

Orlando Zapata, de 42 años, es el primer reo político que fallece en la isla en los últimos 40 años por una protesta de este tipo. Exigía una mejora de sus derechos como recluso

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El disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, uno de los presos de la denominada Primavera Negra de 2003, murió el pasado martes por la noche en una hospital como consecuencia de una huelga de hambre iniciada a finales de año, según confirmaron varias organizaciones opositoras y la madre del fallecido.

Zapata, de 42 años, comenzó la protesta el pasado 3 de diciembre en el penal de Kilo 8, en Camagüey. Exigía una mejora de sus derechos como preso. Finalmente, falleció en una clínica de La Habana, donde se encontraba desde hacía unos días a causa de su delicado estado de salud, que los médicos trataron de revertir introduciéndole sueros por vía intravenosa.

La organización Directorio Democrático Cubano lamentó el deceso de este «valiente defensor de la libertad», que considera «asesinado» por el régimen comunista. En un comunicado, sostiene que el Gobierno de la isla «se negó a garantizarle sus derechos básicos», lo que ha terminado por convertirle en una víctima del «terrorismo de Estado», según la secretaria nacional adjunta del Directorio, Janisset Rivero.

La organización denunció que el pasado mes de octubre, Zapata sufrió una paliza por parte de militares que le custodiaban en la prisión provincial de Holguín. Estos golpes, prosigue la nota, le provocaron al recluso una hemorragia intracraneal que derivó en una operación quirúrgica.

El grupo explica que Zapata inició su huelga de hambre y «durante 18 días» el director de la prisión de Kilo 8 le retiró la ingesta de agua, lo que terminó por inducirle un fallo renal. A mediados de enero, el preso fue trasladado a un hospital de Camagüey en el que contrajo una neumonía debido al aire acondicionado y a que se encontraba «casi desnudo», agrega el comunicado.

Las autoridades comunistas de Cuba consideran a Orlando Zapata, y a otros dos centenares de disidentes reos, mercenarios a sueldo de su archienemigo Estados Unidos para socavar el sistema socialista de la isla.

La madre del fallecido, Reina Tamayo Danger, ha calificado de «asesinato premeditado» la muerte de su hijo. «Doy las gracias a todos los hermanos que lucharon por no dejarlo morir», manifestó, emocionada, la mujer.

Por su parte, desde la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, su portavoz, Elizardo Sánchez, lamentó esta «gran tragedia» y apostilló que la muerte de Zapata no solo afecta a su familia, sino a todo el movimiento cubano defensor de los Derechos Humanos, tanto en la isla caribeña como en el extranjero.

Amnistía Internacional había incluido a Zapata en su lista de presos de conciencia. Pese a que en un primer momento fue condenado a tres años de prisión, tras participar en una huelga de hambre, el ahora fallecido vio cómo se le ampliaba la sentencia hasta 25 años de cárcel al sumarse delitos como desacato, desorden público o resistencia.

Los ecos de la muerte de uno de los estandartes de la Primavera Negra llegaron incluso a EEUU, desde donde el periódico The Miami Herald recordó que no moría un preso cubano durante una protesta contra el Gobierno desde hace casi cuatro décadas. El último, el líder estudiantil y poeta Pedro Luis Boitel, perdió la vida en 1972, también durante una huelga de hambre.

«Sucedió otro Pedro Luis Boitel en Cuba», coincidió Reina Tamayo Danger, en sus breves palabras al Directorio Democrático Cubano.

Poco después de conocerse el fallecimiento, al menos 20 personas fueron detenidas en la isla en medio de una ola de represión desatada por el Gobierno de Raúl Castro contra la disidencia que condenó la muerte del preso político. Los arrestos se produjeron en la provincia de Holguín, donde será el entierro del opositor.